viernes, 21 de octubre de 2016

Teatro erótico: sexta parte.

Viene de la parte anterior.

-Estoy... conmovido, de verdad. Tantos y tantos archivos que has escrito... Me gustaría leerlos todos con tiempo, claro. ¿Puedo copiármelos en mi disco duro...?

(Elena asiente. Arturo mueve el puntero con soltura)

-Veo que están todos nombrados primero con el año, después el mes, y después día de mes y de semana... Serán fáciles de leer por orden, empezando por el más antiguo... ¿qué es esto que aparece en algunos, al final, y griega-eme o e-eme...?

(Elena se ruboriza y se encoje un poco, antes de reaccionar, levantar la cabeza, pasarse las manos por la cara y por los cabellos y respirar hondo)

-Son... son... eh... -Arturo espera con paciencia, sin apartar los ojos - ahí, en fin, ahí cuento cosas que he sentido en determinados momentos... abre, abre uno y léelo, creo que lo entenderás mejor que si te lo explico...

(Arturo obedece y escoge uno al azar, terminado en "em". Lee en voz alta)

-"Estoy segura de que lo sabe. No sé cómo, pero lo sabe. Me detengo un momento ante la puerta de casa, con la llave en la mano. Respiro hondo, meto la llave, giro despacio y entro. Está oscuro, pero eso no me pone menos nerviosa. Sé que está en casa, esperándome. Despacio, muy despacio, cierro la puerta tras de mí, dejo la mochila y me quito el abrigo. Avanzo al salón haciendo el menor ruido posible. Siento que me falta el aire, así que cuando me doy cuenta de que no me atrevo a respirar, me detengo, cierro los ojos y respiro hondo.

"-Adelante, no te quedes ahí" -me da un susto de muerte. Está en el sillón de enfrente, en medio de la oscuridad. Me llevo la mano al pecho, intentando contener el corazón que da un par de saltos.

Camino casi arrastrando los zapatos en el suelo, rígida, con los brazos pegados al cuerpo. Me detengo delante de él. Con un mando a distancia, eleva el nivel de luz ambiental, deteniéndose mucho antes de llegar al máximo.

A pesar de estar hundido en el sillón, su presencia copa todos mis sentidos. Piernas cruzadas, cabeza reclinada sobre una mano abierta, cuyo codo apoya en un reposabrazos. La otra mano cuelga tras el otro. Sus ojos y el rictus de sus labios transmiten cansancio y desánimo, algo que me duele y me asombra, porque es una montaña que no se amilana por nada. Una roca que aguanta sin inmutarse huracanes, tormentas, terremotos... y en cuyo interior, dorado, tierno, envolvente, siempre me sentía segura. Pero hoy no. Hoy la he pifiado a lo grande, y eso le deja huella.

"-¿Bien? ¿qué tienes que decir en tu defensa?"

Por toda respuesta, bajo la cabeza, apartando mis ojos de los suyos, incapaz de soportar la frustración que emana de ellos. Mis hombros caen derrotados.

"-De rodillas" -susurra entre dientes.

Obedezco casi al instante, haciéndome un poco de daño.

Se levanta y se acerca a mí. Despacio, pone los dedos bajo mi barbilla y levanta la cara. Todo mi cuerpo tiembla, porque sé lo que viene ahora.

En efecto. La bofetada casi me tira al suelo, pero aguanto. La mejilla me arde, reprimo mi gesto de pasar la mano por ahí.

Permanecemos un buen rato así. Él de pie, poderoso, fuerte, oliendo a... a él, a tierra, a madera, a musgo, a sal marina... y yo de rodillas, temblorosa, intentando aguantar el tipo, reprimiendo mis deseos de lanzarme a sus pies y romper a llorar. Sólo me siento sobre mis pies despacito y avanzo los dedos a la punta de sus zapatos, rozándoselos nada más.

Parece saltar una chispa, porque de repente se da la vuelta, da dos pasos rápidos hacia una silla, la coge, la acerca, se sienta y su poderosa mano me agarra del brazo, me levanta y me echa boca abajo sobre sus rodillas. Me levanta la falda y estampa su mano ahí, controlando mis espasmos con la otra.

Me da otro fuerte azote, y otro, y otro, y otro... alternando las nalgas o bien en ambas a la vez. Pierdo la cuenta..."

(Arturo deja de leer)

-Pero... pero esto es... una fantasía...

-Sí.

-Yo jamás te pondría la mano encima, pero jamás, nunca...

-Lo sé.

(Arturo se pone a leer en silencio. Enseguida aparta la vista y cierra el documento, abriendo otro)

-Sólo de pensarlo se me rompe el corazón y se me encogen las tripas...

-Lo sé, lo sé, te repito que es una fantasía, lo has dicho tú mismo. "Em" es "él manda", e "ym" es "yo mando" (Rehace su postura y se levanta. Recoge prendas del suelo y empieza a vestirse). Bueno, cierra eso y vístete. Tengo ganas de salir a dar un paseo contigo, cogidos del brazo... Seguramente el bar de la esquina todavía permanece abierto, podríamos ir ahí y tomar algo... ¿Dónde están mis bragas...? Ah, aquí están... Está todo revuelto, no encuentro la otra media... A ver debajo del sofá... Uf, sí, aquí estás, bien al fondo, a ver si te alcanzo...Vale, ya te tengo, ven aquí... Y el zapato está ahí en la esquina, ¿cómo ha llegado ahí? Menuda patada le he debido dar... Vaya, aquí también ha ido a parar uno de tus calcetines, a ver si también lo cojo... vale, aquí lo tienes, toma, Arturo, póntelo, vístete ya...

(Elena se sienta en el sofá, recogiendo con los dedos una media, extiende la pierna y la enfunda con parsimonia. Sonríe levemente)

-Supongo que tendré que acostumbrarme a usar las medias, os vuelven locos estas prendas, pero a mí me resultan un poco incómodas, aunque podría llegar a cogerle el gusto sabiendo que os gustan tanto a vosotros... Simplemente con levantar un poco la falda y ya perdéis el norte, ja ja ja ja... Venga, Arturo, vístete, que se nos hará tarde... Después tengo que ir a hablar con mi madre... ¿Arturo? ¡Arturo! (Elena posa su mano en el brazo y lo zarandea. Arturo reacciona) ¿Qué diablos te pasa?

-Eh... no... nada, nada, no me pasa nada... ah... sí, vestirnos, ir a la esquina, al bar de la esquina a, eh, encontrarnos con tu madre...

-¿Encontrarnos con...? No he dicho eso, Arturo, ¿qué te pasa?

-Eh... discúlpame, voy a... voy a la cocina a por un vaso de agua... (Se levanta y anda hacia la cocina, tropezando con el sofá y con la mesita. Reprime un gemido y desaparece en el hueco. Se asoma un instante después) ¿Tú quieres algo? ¿otro vaso de agua, un refresco...?

(Elena niega con la cabeza, desconcertada. Arturo desaparece en la cocina. Con expresión interrogante, ella se acerca al portátil, lo gira y lee. En su frente fruncida salta una ceja, luego la otra. Conforme avanza en la lectura, va abriendo mucho los ojos, incrédula, y acaba llevándose la mano a la boca, abierta de puro asombro. En la cocina se oye correr el agua y fuertes refriegas. Elena alterna su mirada entre la pantalla y la puerta de la cocina, sin disminuir un ápice su estupefacción. Al final respira hondo, vuelve el portátil a su sitio y se retira al otro lado del sofá, ensimismada, todavía a medio vestir. Arturo aparece un rato después con un vaso de agua. Se sienta frente al portátil y lo cierra. Toma un largo sorbo y se vuelve a Elena, pero se queda quieto al captar su postura, guardando silencio, interrogante. Ella al cabo de un rato, se vuelve y señala el portátil)

-He leído lo último que había... un archivo de "yo mando", en donde te imagino a ti como un esclavo recién capturado y arrodillado ante mí...

-Elena, son fantasías, tú misma lo has dicho...

-¿Es que eres... eres uno de ésos, eres masoq...?

-No, no, no, en absoluto. No soy nada de eso. No tengo fantasías de dolores, ni de hacer daño, ni...

-Pero he visto tu reacción a mi archivo...

-Eh... (larga pausa. Arturo cabecea un poco) bueno, sí, puede que tenga algunas fantasías de sumisión y... Me ha pillado completamente desprevenido. Pero son eso, fant...

-Entiendo.

-Elena...

(Le pone la mano en la rodilla, que ella rechaza con determinación. Se levanta despacio y se encara de pie ante Arturo. Avanza la mano con las braguitas colgando de sus dedos)

-Pónmelas.

(Aturo abre mucho los ojos y aspira fuertemente, hinchando su poderoso tórax. Mantienen la mirada fija una en los ojos del otro durante un buen rato. En silencio, Arturo se acerca, se sienta en el suelo delante de ella, coge la prenda despacio, la extiende con sus dedos y la baja a sus pies. Elena se apoya en Arturo, levanta primero uno y después el otro. Éste sube con delicadeza la prenda por sus piernas y la encaja entre sus muslos)

-Ahora la otra media.

(La coge, la frunce entre sus dedos y enfunda la pierna muy despacio)

-La falda.

(La misma delicadeza y lentitud. La respiración de Elena comienza a agitarse)

-El sostén y la blusa.

(Elena resopla una y otra vez, intentando guardar la compostura. Al terminar de abrochar el último botón del escote, chasquea los dedos y señala el suelo. Arturo se arrodilla ante ella, que cierra los ojos y echa la cabeza atrás, aspirando una enorme bocanada de aire. Avanza una mano, palpando, topa con la cabeza de Arturo y se posa en ella, mientras se estremece)

sábado, 8 de marzo de 2014

8-3-2014: Teatro erótico. Quinta parte.

Viene de la parte anterior.

(Al cabo de un buen rato, en el que están descansando una en brazos del otro, suena un teléfono móvil. No reaccionan, están ambos como idos: ojos cerrados, respirando acompasadamente. Al cuarto tono, él intenta incorporarse con cuidado y esfuerzo. Mira alrededor, sin identificar de dónde viene. Deja de sonar. Vuelve a tumbarse, no sin antes cubrir a Elena de una mirada larga y profunda, donde brilla el deseo, admiración e incredulidad a partes iguales. Vuelve a sonar el móvil. Arturo se remueve otra vez, pero Elena alza un brazo con los ojos cerrados y lo deja caer torpemente en su hombro)

-Es mi móvil... deja que suene, ya se cansará...

-Pero puede ser importante... puede ser tu madre...

(Elena abre los ojos e intenta reaccionar. Se levanta de un salto, busca entre sus ropas, pero deja de sonar antes de encontrarlo. Elena sigue buscando. Se alza con él en la mano, se sienta en el tresillo y empieza a teclear)

-Es mamá, sí... voy a llamarla...

(Justo cuando se lo lleva a la oreja, suena otro teléfono, el fijo de Arturo. Elena salta y se apodera de él antes que Arturo. Descuelga)

-¿Sí...? Sí, mamá, soy yo, Elena, hola, mamá... Ahora mismo te llamaba, es que estaba, eh, estaba durmiendo y no he podido cogerlo a tiempo... cansada, sí, muy cansada... Pues, oh, mamá, ha sido maravilloso, sí, tal y como te dije, ha sido maravilloso, te lo aseguro, Arturo me, me, me ha hecho mujer, sí, muy mujer, me ha... oh, mamá, no te pongas así, ya sabes cómo es Arturo, ha sido delicado, no me ha hecho nada de daño, me ha gustado mucho, muchísimo, te lo aseguro... Sí, por supuesto, hemos usado el condón, de hecho aún lo lleva puesto, ji ji ji... Ay, mamá, no te pongas así, ya sabes cómo son estas cosas, no... mamá, por favor... mamá, ya hemos hablado de esto, estoy donde y con quien quiero estar, ya lo sabes... mamá, ya hemos hablado de esto, lo hemos hablado, lo hemos hablado y no me voy a echar atrás... vale... sí... vale... No lo sé, aún me voy a quedar un rato por aquí... Sí, está aquí a mi lado, ¿quieres hablar con él? Vale, te lo paso.

(Arturo abre mucho los ojos y la boca, dice que no con la cabeza y las manos, pero ella le tiende el teléfono. El lo toma con resignación, tapa el auricular, se sienta recto sobre el tresillo y respira hondo)

-Hola, Laura... em, sí, es un poco incómodo esto, sí, pero... ya la has oído, está bien... sí, la trataré bien, por supuesto... tranquilízate, Laura, lo entiendo, por supuesto... No, en eso te doy mi palabra, no me lo esperaba, de verdad. Ni en mil años hubiera esperado algo así. Ha sido toda una sorpresa para mí, te lo aseguro. Me ha abierto su corazón y me ha conmovido mucho... Sí, por supuesto que tenía reparos, y se los he dicho, de verdad, te lo aseguro, pero, si vieras, si vieras cómo me hablaba, cómo me miraba, lo que me decía, cómo me lo decía, es que, es que no, no, no soy de piedra, me ha llegado hasta el fondo... No... Aún no hemos hablado de eso, Laura, por favor, tranquila...

-¿Qué pasa? (Elena se está vistiendo y se detiene, brazos en jarras frente a Arturo. Este tapa el micrófono)

-Tu madre está hablando del futuro...

-Dámelo. (Le arrebata el teléfono y se sienta a su lado) Mamá, por favor, basta ya. Nos estás agobiando. Ya hablaremos cuando vuelva a casa, ¿vale? Tranquilízate, ¿quieres? Lo que hay a partir de ahora entre Arturo y yo es nuestro, y no debes meterte... Vuelta otra vez, a papá se lo diré cuando lo considere oportuno, ya lo hemos hablado... Mamá, voy a colgar, ya vale... Mamá, no montes una escena... Menos mal, así está mejor, venga, nos vemos pronto, un beso, adiós.

(Cuelga. Cierra los ojos, respira hondo y con las yemas de los dedos se masajea las sienes. Arturo pone sus manos en los hombros y se los masajea despacio. Elena acaba por reaccionar y disfruta de las caricias, con los ojos cerrados)

-¿Y ahora qué?

-Oh, sigue así, querido, disfrutemos del momento...

(Arturo sigue con el masaje durante un buen rato. Sus dedos tropiezan con la cadenita del collar, y se detiene un momento. Se levanta, yendo a su habitación)

-¿Qué pasa, adónde vas?

-Espera un momento...

(Sale de la habitación vestido con un albornoz y un ordenador portátil bajo el brazo, que coloca sobre la mesilla, lo abre ante los dos y lo enciende)

-Me gustaría leer eso que me has escrito...

(Arturo señala el colgante. Elena se ruboriza mucho, baja la mirada, se lleva los dedos al corazón plateado que cuelga en su escote. Despacito, se lo quita, lo abre y se lo pasa. Arturo lo conecta)

-Palabra clave, mi nombre y dos apellidos, ¿no?

-Sí, pero déjame a mí... Tu nombre, mayúsculas, vocal, número, erre, te, otro número, erre, cero, espacio, espacio...

(Arturo la mira mientras ella teclea con rapidez acostumbrada. Pasa sus dedos por su pelo, pasándoselo tras la oreja con delicadeza. Ella sonríe por reflejo, mientras está concentrada en pantalla. Al cabo de un rato, lo gira un poco y se echa atrás)

-Ya está. Aquí lo tienes...

-Vamos a ver, carpet... guau, ¿es todo esto...? ¿Todo esto es por mí? Sí que has escrito, sí...

(Elena se encoge una vez más, ruborizándose. Arturo le pasa el brazo por los hombros y la aprieta contra sí con calor, depositando un largo beso en la sien)

-Me da la impresión de que es más un diario que cartas para mí.

-Al principio eran cartas, sí. Pero luego, en fin, la rutina...

-Entonces no debería leerlo, ¿no? Lo que cuentas ahí son tus secretos íntimos, tus miedos, dudas...

(Elena le mira directamente a los ojos, con un rictus de firmeza)

-Lo que he escrito ahí ha sido siempre pensando en ti. Puede que haya alguna cosa que se me haya escapado o que te escandalice. Pero mis secretos íntimos, miedos y dudas me los guardo para mí, y no tengo porqué escribirlos en ningún sitio. Nunca he tenido necesidad de compartirlos.

(Arturo enarca las cejas en un gesto de perplejidad. Una sonrisa se va abriendo en su boca. Al cabo de un rato, le pasa la mano por el pelo)

-Dios, qué... qué criatura...

-Abre uno cualquiera y léelo. O mejor trae, ya lo hago yo (Elena maneja el equipo con decisión y rapidez, con cara de pocos amigos y gesto desafiante. Vuelve la pantalla y le invita a leer. Arturo se concentra y lee en voz alta)

-"Querido Arturo: anteayer volví a soñar contigo. Tus manos, tus muslos, tu trasero, tu voz, tu forma de mirar... qué te voy a decir ahora que no te haya dicho ya antes cientos de veces. Y también por supuesto, me he bebido tu leche..." ¿me he bebido tu leche...?

-Es un sinónimo de masturbarme (Elena se pone roja como un tomate una vez más) que no me gusta nada cómo suena masturbarme. Hacerme una paja suena peor, así que uso sinónimos inventados por mí...

(Arturo sonríe abiertamente, lo que hace que Elena se encoja más aún. Le pasa el brazo por los hombros y la atrae hacia sí con dulzura. Deposita un breve beso en sus labios y vuelve a leer)

-"Ayer tuve examen de filosofía. Cómo maldigo a esos cabezas de libro que dijeron esas cosas que en su momento podrían tener su significado, pero que ahora lo único que hacen es torturarnos obligándonos a estudiarlos y asimilarlos para comprender el origen de las cosas. Creo que me ha salido bastante bien y que aprobaré. Sigue sin gustarme estar aquí, con todo este tiempo gris eterno a mi alrededor. Todo nubes eternas y lluvia, no hay apenas sol, es muy triste. Ya debería estar acostumbrada, pero lo cierto es que echo mucho de menos el sol de la península, estar a tu lado, oír tu voz, tus bromas..."

Siguiente parte.

martes, 15 de septiembre de 2009

15-9-2009: Subtítulos.

A veces, a la hora de empezar a escribir un texto nuevo, partiendo de cero, un título que parezca muy sugerente y se presente con mucha fuerza simbólica, puede motivar al escritor por sí solo.

A veces es al contrario: nace una idea, va tomando forma, y se decide a comunicarla a los demás... pero a la hora de presentarla, uno se bloquea porque no tiene título, y tiene que buscar hasta por debajo de las piedras para encontrar ese pequeño tesoro acorde con lo que viene después.

Este caso concreto es el primero. Subtitular la vida, las emociones, los impulsos, los deseos, los odios... y cómo no, el sexo.

Subtitular el sexo. Una enorme esfera de plastilina en las manos de un niño. Expresiones extremas que se sienten pero que nunca toman forma porque nunca se expresan en el momento.

Te amo tanto que deseo entrar en tí y encerrarme dentro, entre tus riñones.

Te deseo tanto que cualquier cosa que me des ahora mismo está bien. ¡Cualquiera!

Te odio tanto por lo que me haces sentir, que te golpearía sólo para que me odiaras también de la misma forma.

Me deseas hacer perder el control por completo contigo.

Has entrado en mí por una puerta que no sabía que existía.

¡¡Eh, eh, estoy aquí!! ¿ne oyes...? Aquí arriba, levanta la cabeza, más, más, más arriba, sí, aquí, muy lejos, estoy saltando y braceando como loco ¿me ves...? Exacto: te presento a la crecidísima presa que se está agrietando amenazadoramente por momentos, y que está a punto de derrumbarse toda sobre tí.

Rómpeme por fuera con mucho gusto, que yo te romperé por dentro.

¿Aceite de base acuosa como lubricante...? ¡No...! Sigue siendo inflamable.

¿Aceite de oliva como lubricante y potenciador del sabor...? ¿qué tipo de hambre tienes ahora mismo? ¿es que quieres una salchichona frita...?

No quiero llorar porque sé que esto que me haces sentir ahora no volveré a sentirlo nunca...

El sufrimiento y la felicidad existen en una palabra, y esa palabra es: "¡Fóllame!".

¿Sí...? ¿que me haces sentir esto...? ¡Vale! ¡Yo voy a hacerte sentir esto otro!

¿Cómo...? ¿que aún no tienes suficiente? ¡Pues déjame entrar más en tí!

Quita, ahora no. No me gusta hacer el amor en público. Ten piedad de los demás. Puede que desatemos una epidemia explosiva.

sábado, 12 de septiembre de 2009

12-9-2009: No reacciona.

Me siento en el suelo y cierro los ojos.
No hay mucha diferencia.

Hace poco mencioné el "eterno femenino".
Un tópico.
Pero algo de verdad hay en ellos.
Por eso son tópicos.
Cada vez que navego por internet lo capto.
Cada vez que camino por la calle también.
Noto cómo la mujer entra por mis ojos.
Noto cómo se apodera de mis entrañas.
Y las retuerce.
Cómo fustiga el bajo vientre.
Pero éste no reacciona, cansado.

Cansado de mis manos.
Cansado de atravesar el aire.
Cansado de mi ineptitud y cobardía.

Y así, el preciado líquido que debería salir por ahí
lechoso, espeso y ácido,
sale por arriba, muy arriba,
tras trazar un doloroso y duro nudo en la garganta,
depurado y salado.
Para calmar el único sentido que es satisfecho.

Ya es un by-pass.
Abierto entre mis vísceras
por un gusano que ha crecido demasiado.
Y busca cualquier salida.

Y la ha encontrado.
Imporvisado, pero efectivo.
Si no sale por abajo, saldrá por arriba.
Para recordarme que está ahí.
Para lubricar lo único que puedo transmitir a las mujeres.
Y calmar otra ansia más honda
y difusa.

eterno femenino

(Dedicado a Ozenys.
Por su estilo muy a lo Azorín.
Aunque no le lleguemos ambos a la altura de sus zapatos)

domingo, 6 de septiembre de 2009

6-9-2009: Sitio web de pago.

(Actualizado)

Hace unos cuantos meses, dediqué una entrada en la que hablaba de websites de pago, a una de las cuales estaba abonado, pero que había decidido no renovar. Dicho sitio era un ejemplo típico del erotismo norteamericano: mucho glamour, maquillaje a tutiplén, retoques posteriores más o menos disimulados, modelos prácticamente iguales, chorros y más chorros de luz, lujo en interiores y exteriores, etc. Y dudaba de qué quería realmente. Si apuntarme a otra website parecida, o bien probar con la otra vertiente mayoritaria en internet, las de Europa del este: más naturalidad, más calidez, menos lujo, etc. Valoraría también su traducción al español, detalle que se reveló marginal con el tiempo. Y al final lo fui postergando.

El problema era que en todas imperaban los mismos patrones: chicas delgadas e irreales. En la norteamericana se fijan más en los pechos, en las europeas del este valoran más la armonía de la silueta, la francesa se basa en la exclusividad y la elegancia... No sólo eso: los artistas fotográficos, sean de donde sean, tengan el estilo que tengan (algunos más y otros menos, eso ya es cuestión de gustos), tienen todos, absolutamente todos, eso en común: Chicas delgadas.

Chicas delgadas por doquier, que venían a redundar una y otra vez en el arquetipo de belleza femenina occidental, imposible de obtener por muchas mujeres, difícil para un número considerable, cumplido sólo parcialmente en otro número considerable, y sólo una amplia minoría la cumple, pero a qué precio. Y no digamos mantenerlo... Además, en los hombres solitarios como un servidor, dicho arquetipo tiende a "monopolizar" el deseo sexual.

Y aquí entro yo. Me he propuesto buscar por internet para intentar encontrar un sitio donde se respete a la feminidad como tal, pensando que sería buscar una aguja en un pajar... pero creo que lo he encontrado: Domai.com

Creo que es una website sueca, o noruega. Nunca he visto nada de ella, pero claro, tampoco me había propuesto buscarla en serio.

Por lo poco que he podido ver que está al alcance de todos, creo que es... en fin... la respuesta a mis sueños.

Voy a dejar madurar un poco la idea, a ver cómo evoluciona en mí...

P.D.: Y nada de críticas, por favor XDD Si se piensa bien, creo que es un paso muy favorable al intentar abrir mi supuestamente cerrado "espectro sexual".

ACTUALIZACIÓN:

De hecho, llegué a dicha website con esta imagen:


que no me parece precisamente una chica delgada, pero... ¡madre mía, lo que transmite...!

aquí es donde me fijé en la variedad de arquetipos que abarcan: desde chicas flacas hasta chicas que no lo son tanto. 

De hecho, me da que "alguna" se volverá loquita por poner sus ávidas manitas y sedienta lengua sobre la piel de unas pocas elegidas...


sábado, 5 de septiembre de 2009

5-9-2009: Vacío.

Acabo de echar una siesta de una cabezadita. Una de las desventajas de echarse una breve siesta es que, dependiendo del lado en el que se apoya la cabeza y el torso, se pueden avivar unas cosas y apagar otras. Dormir sobre el costado izquierdo apresa más el corazón, lo que hace que bombee un poquito menos de oxígeno al cerebro, lo que provoca sueños extraños, incluso pesadillas. Esto, unido a que los recuerdos reflejados en la pantalla interna suelen ser más vívidos en los primeros minutos tras conciliar el sueño, hace que el afectado se pueda despertar de un humor... extraño. Por ejemplo, un chute de melancolía, deseo de sexo y análisis, y en proporciones variables y disparatadas.

Vacío. Eso he sentido. Vacío a mi alrededor. "Qué raro" -pensé, "-como varón, debería ser al contrario." Pero me he sentido vacío. He girado la cabeza. El cuarto que conocía tan bien me pareció más grande. La luz que entraba por la ventana hacía que las paredes y el techo se abombaran hacia afuera. Respiré hondo, y todo volvió a la normalidad dimensional en medio minuto.

Me siento en el quicio de la cama despacio, sin forzar el organismo. Y es mi cerebro el que da vueltas sobre sí mismo. No logro quitarme de delante una visión de un trasero femenino desnudo andando glorioso a la altura de mi jeta, con su dueña caminando indiferente a mí. Y avanzo la mano para darle una palma, y me esquiva... lo intento una y otra vez, y cuando por fin la alcanzo, me llevo un rápido sopapo en la mejilla... momento en que me despierto, y he sentido el vacío. 

Análisis: ojalá la bofetada hubiera sido real...

Análisis: Como varón, como macho, no debería ser así. Yo lleno a la mujer...

Análisis: Son mis brazos los que se sienten vacíos. Son mis oídos, mis ojos, mi lado, mis manos... los que se sienten vacíos.

Análisis: Vale, ¿y ahora qué? ¿qué hago con "esto"?

Y mientras me decido conscientemente a ello, preparo mentalmente el terreno y dispongo la intimidad para llevarlo a cabo, se afloja en dos minutos.

Análisis: Pero la inquietud permanece. Se enciende una luz: al blog. Todo esto al blog, qué narices. Y que se ría la gente... mientras yo ando caliente.

jueves, 3 de septiembre de 2009

3-9-2009: No quiero esto.


No, yo no quiero esto... mi cuerpo, mi corazón, mi sangre se lanzaría a ello sin dudar, le rendiría lo mejor de mí: acariciar esos pechos, afianzarse en esas caderas, besarte esos labios, intentar comerte a bocados... y todo lo que viene después... pero no quiero esto.

Puedes tener un nombre potente y sonoro, como Vanessa, Paloma, Asunción, Virginia... o delicado e incitante a la intimidad, como Lucía, Sonia, Susana, Cristina, Sofía... o sonoro y típico, como Carmen, Sonsoles, Dolores, Jimena... o sonoro y típico pero inusual, como Asturia, Leona, Violeta ... o diminutivos y acrónimos graciosos y cariñosos, como Anita, Maite, Nolita, Tati ... Y los que me dejo. Todos, todos, todos bonitos. Pero no quiero esto.

Puedes ponerte la ropa que quieras, que te sentará de muerte. Puedes maquillarte y peinarte de tal modo que rompas corazones a tu paso, de deseo o de envidia. Puedes mirarme y sonreír derritiéndome todo al instante... pero no quiero esto.

Un cuerpo así está destinado a usos más ambiciosos que el de ser pareja de un donnadie. Mínimo modelo de pasarela, típico modelo de desnudos, actriz porno o prostituta, máximo prostituta de altos vuelos, pero todos con el mismo final: retirarse y vivir de las ganancias obtenidas durante la época de esplendor, ejerciendo el caché de vez en cuando por vicio y guardar la independencia, o ser mantenida por un potentado. No quiero esto.

Y aunque sueño con un cuerpo así, soñar no cuesta nada. Disfrutar de un cuerpo así, en todas las posturas posibles, con estas iniciativas, rodeados de lujo, sol, buenos olores y mejores sabores... soñar. Y todo eso no cuesta nada. Es más, dicen que es normal. Sobre todo para los solterones. Pero, a pesar de ser un solterón, de tener necesidades físicas, no quiero esto.

Pues mi ideal no es esto, por mucho que te empeñes tú y los innumerables que están detrás de ti, aupándote como un becerro de oro. Mi ideal es una nube. Una nube enorme y difuminada, con atributos femeninos sin definir. Una nube que cuajó sobre la metáfora de "el eterno femenino" hace años, en mi ingenuidad adolescente; en la que en mis momentos más sensibles me refugio, buscando apoyo y consuelo, alegría y risas, caricias, cosquillas, besos y sexo. Y responde, con los ecos de mujeres cercanas, presentes y pasadas, pero responde. Tú no respondes. Te quedas siempre así, gane o pierda, llore o ría, te hable o te suplique, te desee o te indiferencie... Siempre estarás así.

Pero la nube que aparto de ti, no. Vive a mi alrededor, la siento en mis resquicios, frágil y envolvente. Y siempre, siempre, siempre la defenderé de ataques como los de tus formas que tratan de atarla, capturarla y meterla en los altos hornos que te forjaron a ti, pero dejando su interior vacío, sin movimiento ni vida. No. Nunca permitiré que el misterio de mi nube sea desvelado ahí.

No sé qué virtudes y defectos tiene, pero los tiene. Puede que de esa nube salga una mujer gordita, simpática y de ademanes desenvueltos, con sus neuras y complejos. O una muchacha jovial, alegre, deportista y acostumbrada a plantarle cara a todo, incluso a mí. O una mujer de modales tristes, contenidos, celosa de su intimidad y sin verdaderas carcajadas que derrochar. O una muchacha tímida, seria, con mirada de palo, intimidatoria para el resto del mundo, pero que ha abierto un resquicio para mí.

Pero tengo muy claro que quien quiera que sea, nunca, nunca será como tú. Ella me sonreirá, me hablará, me cogerá de la mano y pasearemos juntos. Oleré sus cabellos y cepillará sus dedos en los míos. Me hará saber qué le interesa, cosa que tú no haces. Sabré cuáles son sus puntos fuertes, que tú no tienes. Intuiré sus puntos sensibles, que tú no muestras. Su misterio se me desvelará día tras día, poquito a poquito, pero tu misterio está acorazado y tan lejano de mí como las estrellas. Estará a mi lado en los momentos malos, a los que tú no prestas la más mínima atención. Requerirá de mis abrazos cuando esté a punto de caer, tú no caerás jamás. Accederé a ella con torpezas, dos pasos adelante y uno atrás, tú siempre estás ahí así. Puede que ella se marche, dejándome un vacío inmenso; tú ni siquiera ocupaste nada en mí, por tanto tu vacío no es sino un espejismo falso.

Y entonces la nube volverá tras el duelo, pero seguiré defendiéndola de tus ávidas zarpas.

Es una pena muy grande que copes toda la imaginería popular masculina, sin dejar sitio para otros ideales físicos femeninos, que bien podrían llegar a competir contigo, pero la industria te eligió a ti y nada más que a ti. Sólo tienes eso, nada más.