En efecto. Espero que ésta sea la última parte de esta obrilla de teatro erótico, pionera en su campo, pero imposible de llevar a cabo en el teatro como tal, debido a la cantidad de detalles que deberían tenerse en cuenta, detalles que, por muy buenos que sean los actores dudo que puedan con ellos. Además, está el... "ambiente". Dudo que los que trabajan entre bastidores permanezcan indiferentes. Probablemente se derivaría en una orgía, jua jua jua... En cualquier caso, si algún grupillo desea llevarlo al escenario, cambiaría unos cuantos detalles, e incluiría más personajes, por ejemplo, la madre de Elena... vaya, se me está ocurriendo que... Pero bueno, oye, como primer cuento en mi blog, lo considero más que suficiente. Espero sepáis qué esperar de mí, cuando me decida por el siguiente, que ya está en el horno a punto de caramelo, ju ju ju... Y dependiendo de cuánto insistáis, cuánta gente esté interesada (cuantos más mejor, y no los cuatro de siempre, ju ju ju), lo publicaré aquí antes o después... ¡Chicha, quiero chicha, ja ja ja ja...!
Ahí va. Disfrutad.
Viene de la parte anterior.
(Elena abraza la almohada con inquietud, indecisa)
-Cielo, me gustaría ser un cojín en este momento (Ella cae en la cuenta, y con una sonrisa lo quita de su regazo) ¿Bien... ¿deseas seguir...? ¿qué te gustaría hacer?
-Me... me gustaría que me abrazaras...
(Arturo se levanta, coge las almohadas y las coloca en el tresillo. Da la mano a Elena, izándola. La toma del talle, acerca su cara al pelo y respira hondo. Se sienta en el centro, y con los brazos abiertos, hace ademán de invitación)
-Bien... Ven aquí.
(Elena se acerca despacio, con los brazos cruzados y pegados al cuerpo. Se sienta entre los muslos peludos y se echa atrás, recostándose contra Arturo. Casi de inmediato, hace ademán de levantarse, pero él la retiene con fuerza entre sus brazos y le susurra al oído)
-Tranquila, no pasa nada...
-Pero... estás...
-Lo sé, tranquila. Ya se pasará.
-Pero... es que no quiero que se pase... me gustaría mirarlo de cerca, tocarlo, besarlo, como antes... aún no me hago a la idea de que... de que es así...
-Pues ya lo verás todo lo que quieras, con tiempo. Ahora cálmate y deja que te abrace. Es lo que querías, ¿no...? A mí también me apetece...
-Sí... (Elena se relaja, removiéndose para acomodarse mejor, pero vuelve a sentirse inquieta) Se... se tensa...
-Si no te movieras tanto... y fueras menos preciosa...
(Elena levanta la cabeza y gira mucho el cuello, clavándole una mirada interrogante)
-¿Cómo dices...?
(Arturo sonríe con picardía y cierta condescendencia)
-¿Dónde están tu aplomo y tu desparpajo...? Aunque estás encantadora y deliciosa, así de descentrada, te estoy tomando el pelo para que reacciones de una vez. Anda, apóyate en mí, así estás muy incómoda... (Arturo le obliga a ello, con ternura. Acerca la cara a su pelo, deleitándose otra vez. La acaricia. Ella cierra los ojos) Tu pelo huele muy bien... y tu piel es muy suave y delicada... ¿y qué hay de tus pies...? Qué pequeños y graciosos, con esos deditos tan chiquitines... Si seguimos juntos, algún día te los comeré y les prestaré toda la atención que se merecen, te haré cosquillas... Pero hoy no... Hoy deseo toda tu piel, estos pechines tan ricos, este vientre tan virginal, esa almejita toda sonrosada, con tu perlita escondida arriba... Me gusta mucho su aspecto, ¿sabes? Lo tienes muy bonito. Y su olor, y su sabor, y beberme todo lo que sale de él, y explorar tu sensibilidad, que la tienes muy alta...
-¿Cómo has sabido... cómo has sabido cuál era mi punto débil? Ni siquiera yo sabía que lo tenía, ni dónde estaba...
-Pues... explorando y observándote. Tienes varios, ¿sabes...? Pero de acceso algo difícil, muy escondidos y juntos, dos o tres... En cuanto tocaba un punto y veía tu reacción, me retiraba y me dedicaba a los alrededores. Tocaba otro, lo mismo. Y así hasta que decidí que ya estabas lista, y me dediqué a sus subterráneos...
-¿"Subterráneos"...?
-Quiero decir, sus raíces, sus partes ocultas... Un punto sensible, cuanto menos se toque, mejor. Se deben atacar indirectamente, desde dentro o alrededores... Mucha gente se equivoca al dedicarse a ellos desde el principio. Pueden provocar dolor, ¿sabes...?
-Mmmm... (Elena se remueve y se apega más a Arturo con espontaneidad. Cierra los ojos) Sigue diciéndome cosas bonitas...
-Así me gusta.
-¿Qué?
-Que ya te sientes cómoda y te dejas llevar, pidiendo lo que quieres sin más. Desgraciadamente, las palabras no son mi fuerte. Sólo puedo repetir una y otra vez lo bonita que eres, la suavidad de tu piel, su tibieza, lo bien que hueles, tu pelo, tu cuello, tu escote, pechos, vientre, muslos... Y si pudiera alcanzarlos con las manos, también te diría cosas bonitas acerca de tus piernas y tus pies...
-Pues por mí, lo puedes repetir hasta mañana... Oír tu voz tan cerca de mi oído, diciéndome estas cosas... A mí también me gusta mucho esto, ¿sabes...? Nunca pensé... nunca pensé que el sexo fuera tan intenso... Y me gusta mucho, no sabes cuánto, haberlo descubierto contigo. Las dos veces han sido... maravillosas. La primera, por deseado, por estar mucho tiempo esperando... y la segunda, por imprevisto, no saber hasta qué punto podía ser de intenso... y lo mejor de todo, es que eres tú quien me lo has descubierto. Me gusta sentirme tuya, me gusta sentirte a mi alrededor, en tus brazos, y... yo a tu alrededor, contigo dentro de mí... De hecho... ya deseo tenerte otra vez dentro de mí, y no aquí atrás, que ya me está quemando... lo deseo mucho...
(Elena se remueve y se alza, dándose la vuelta. Contempla el cuadro desde arriba, con los brazos en jarras, segura de sí misma. Se fija abiertamente en los ojos húmedos, la barba de dos días, el torso voluminoso, cubierto de abundante vello rizado, su respiración pesada, el vientre, con abundante pelusilla, algo fofo y macizo, el falo hinchado y brillante por el látex, los muslos velludos y marcados por los músculos... Le estimula con las manos, que termina de desarrollarse por completo. Ella duda un momento)
-El... ¿el condón valdrá...?
-Claro que sí. A pesar de que haya encogido y extendido, no he descargado aún, no ha rozado objetos punzantes, no se ha desgarrado... Pero si quieres cambiarlo...
-No... no lo sé... ¿tú qué opinas?
-Que así vale.
-De acuerdo.
(Elena monta a caballo sobre el regazo de Arturo, frente a frente. Alza la dura estaca y se empala muy despacio. Cierra los ojos, y a medida que entra, jadea y frunce el ceño de vez en cuando)
-Oooh, qué llena... qué dura, cómo me abres... es como... como si exploraras con una linterna y me llevaras a mí de la mano, enseñándome todo... abrirme en dos, hacerme pedazos...
-Cielo, eso ha estado muy bien, lo la linterna...
-Gracias... Ay, a partir de aquí me duele... pero, voy a probar a ver... (se levanta un poco y vuelve a bajar. Siente lo mismo y repite. Arturo coloca discretamente dos dedos en torno al tronco, a modo de marcador) Ay, me... me vuelve a doler... Lo intento otra vez...
-Elena, cariño, no tienes que sufrir dolor porque sí. Entra hasta donde tú quieras y ya está...
-M... muy bien... (apoya sus manos en los hombros de Arturo, y empieza a subir y bajar, muy despacio. Este repasa con la vista todo cuanto tiene delante. Escote, pechos, cuello, cara y pelo. Ella aumenta el ritmo. La voz masculina empieza a quebrarse. Los párpados pelean por cerrarse)
-Estás espléndida, querida... bellísima... aahn... eres maravillosa, y no sabes... no sabes cuánto me gusta esto, cuánto disfruto contigo... oh, Dios... Dios mío... qué mujer más maravillosa que eres... eres fantástica... yo... yo... aah...
(Los jadeos suben de ritmo, se escapa alguna que otra exclamación, algún que otro gallo en la voz, que provoca risas en ambos. Las manos de Elena arañan los hombros y el cuello, acarician las mejillas, a pelo y a contrapelo, clava los dedos en el cuero cabelludo. Abraza la cabeza de Arturo contra su escote con fuerza, raspa su barba ahí y se echa atrás todo lo que dan sus brazos de sí. Las manos de él abarcan su cintura, sus nalgas, sus pechos, llevando el ritmo y aupándola desde abajo cuando coinciden. En un determinado momento, palpa otra vez su falo. La cubre con una mirada secreta de admiración, lo más desapasionada que puede, al notar que ya casi entra por completo. Asimismo, contempla su belleza, radiante, ojos cerrados, boca abierta, pelo suelto, hombros y cuello tensos, marcados por músculos y tendones milagrosamente finos y voluminosos, como cuerdas rectas bajo la piel. Sus aréolas y pezones se oscurecen y casi doblan su volumen. Pasa la mano por ahí, y se asombra de lo duros que están. La cabalgata aumenta, amenaza con volverse caótica, ella parece perder el control. De repente, su cuerpo se arquea hacia adelante, primero, y luego hacia atrás, en un violento y rápido vaivén, mientras suelta un grito desde el estómago, cavernoso y largo, incontenible. Arturo, pendiente de ello, la agarra por los ijares con fuerza. Ella se despacha a gusto, golpeando sus brazos, arqueándose en todas direcciones, clavando las uñas en el duro torso masculino... hasta que pierde las fuerzas despacio, como un neumático pinchado, y se convierte en una marioneta entre los brazos de Arturo. Este respira hondo y sonríe al ver los ojos de Elena, ojos semicerrados y en blanco, zombificados. La recuesta contra sí, abrazándola. Prueba a moverse bajo ella, pero no lo consigue con comodidad. Mira alrededor, se fija en la mesilla y se decide. Evitando movimientos bruscos, se pone de rodillas, arrastrando consigo el cuerpo inerte de Elena, y con una mano bajo su cabeza y la otra abarcando lo más que puede sus finas espaldas, la posa sobre la mesilla. Los brazos de ella caen muertos, pero sin golpear, gracias a la habilidad de Arturo. Se alza y la contempla desde arriba, contra el cristal, embelesándose en cada detalle. Pasa los dedos y la mano por todos ellos. Extiende el pelo en forma de corola. Despacio, muy despacio, empuja. Ella apenas se mueve. Empuja otra vez, y otra, y otra, adoptando pronto el ritmo adecuado. Pero el cuerpo femenino se escurre hacia adelante, topándose contra la viva esquina de la mesa. Reprime un gesto de dolor y la toma entre sus brazos otra vez, dándose la vuelta y echándola sobre el tresillo. Acomoda sus rodillas como puede y empieza a moverse. Apoya ambas manos por encima de los hombros femeninos, actuando de topes, y se cierne sobre ella sin cesar los empujes. Acelera. El tresillo cruje. Elena permanece desmadejada. Algún que otro quejido, cabezada, vaivén en el vacío de sus brazos, y poco más. Arturo se detiene; con respiración entrecortada, se apodera de ambas piernas y las junta ante sí. Asoma su cabeza entre los tobillos, apoya las manos donde antes, y se cierne otra vez sobre Elena, que se dobla bajo el peso y los fuertes empellones de Arturo. Al cabo de un rato, Arturo ulula con fuerza, alza la cabeza, muerde el aire, cierra los ojos y se arquea sobre Elena, que se hunde más aún en las almohadas. Diez empujones más, cada uno más pausado y débil que el anterior, y Arturo se deja caer sobre Elena, cubriéndola casi por completo, como un pesado y macizo mantón extendido sobre ella desde lo alto.)
(Fin)
Me da a mí que este fin es un... tanto precipitado... ¿qué opináis? ji, ji, ji, jiii, ji... Si queréis, puedo incluir una última conversación, para saber cómo quedan ambos con respecto a su futuro... Pero sólo si queréis, ¿eh...?
Post Data Edición, casi cinco años más tarde:
Aquí la siguiente parte.
Comentario de: belkis [Visitante]
Para ser la primera vez de Elena, ha sido realmente completita.
Arturo, tú lo has narrado genial; has mantenido la expectativa y la excitación en todo momento. Y creo que a veces nos pedías opinión para involucrarnos de una forma más directa en tu relato, pero en realidad tú sabías en todo momento como desarrollarlo y cómo debia actuar Arturo, el otro protagonista de la historia.
No estoy muy segura de si incluiría una conversación entre los dos, en que se vislumbrase el futuro que iban a tener, o si por el contrario, lo dejaría tal cual, y que cada lector-a imagine su particular final.
Yo, por mi parte, creo que esta pareja tiene mucho futuro como amantes, pero no sé si funcionarían como pareja real. Y no es por la diferencia de edad, que ya es un handicap. Influye también el que existen entre ellos unos lazos pseudofamiliares, él la vio crecer, él la vió siendo niña.
Quizás acaben juntos y funcionen a las mil maravillas. O quizás cada cual siga por su lado, haciendo sus propias vidas, y reencontrándose cada determinado tiempo y amándose hasta la saciedad, porque a pesar de las circunstancias, no cabe duda de que en la cama están hechos el uno para el otro.
Y ya para acabar, decirte que espero con ansias tu nuevo relato. Creo que se te da bastante bien. Un abrazo
Arturo, tú lo has narrado genial; has mantenido la expectativa y la excitación en todo momento. Y creo que a veces nos pedías opinión para involucrarnos de una forma más directa en tu relato, pero en realidad tú sabías en todo momento como desarrollarlo y cómo debia actuar Arturo, el otro protagonista de la historia.
No estoy muy segura de si incluiría una conversación entre los dos, en que se vislumbrase el futuro que iban a tener, o si por el contrario, lo dejaría tal cual, y que cada lector-a imagine su particular final.
Yo, por mi parte, creo que esta pareja tiene mucho futuro como amantes, pero no sé si funcionarían como pareja real. Y no es por la diferencia de edad, que ya es un handicap. Influye también el que existen entre ellos unos lazos pseudofamiliares, él la vio crecer, él la vió siendo niña.
Quizás acaben juntos y funcionen a las mil maravillas. O quizás cada cual siga por su lado, haciendo sus propias vidas, y reencontrándose cada determinado tiempo y amándose hasta la saciedad, porque a pesar de las circunstancias, no cabe duda de que en la cama están hechos el uno para el otro.
Y ya para acabar, decirte que espero con ansias tu nuevo relato. Creo que se te da bastante bien. Un abrazo
Comentario de: madrileña [Visitante]
¡¡Uf!! Con eso creo que resumo el estado en que me dejas cuando leo tu relato erótico... Lo describes tan al detalle, que no veas como me excito. ¡¡enfin!!...que te animo a que sigas deleitándonos con mas relatos eróticos.
En cuanto a la conversación... para mi gusto sobraría. En este momento del relato no creo necesario ninguna conversación, a mí llegados a ese punto me sobran las conversaciones, mejor los abrazos, las miradas... que las palabras.
Besines.
En cuanto a la conversación... para mi gusto sobraría. En este momento del relato no creo necesario ninguna conversación, a mí llegados a ese punto me sobran las conversaciones, mejor los abrazos, las miradas... que las palabras.
Besines.
Comentario de: gaviotalibre [Miembro]
Ha sido perfecto... he llegado a sentir alguna envidia (sana) de Elena.
Opino lo mismo que Belkis y madrileña sobre el tema "conversación". Creo que terminas en grande si lo dejas así, dejando espacio para la imaginación.
Yo los veo abrazados ahora mismo...
Un abrazo.
Opino lo mismo que Belkis y madrileña sobre el tema "conversación". Creo que terminas en grande si lo dejas así, dejando espacio para la imaginación.
Yo los veo abrazados ahora mismo...
Un abrazo.
Comentario de: esttivalia [Visitante]
Bonito final, Arturo, ni lo muevas. ¿Qué mujer después de una sesión de sexo como la de Elena tiene ganas de hablar largo y tendido sobre el futuro? ¿Y qué hombre?
Por mi parte puedes sacar del horno ya el siguiente relato, no vaya a quemarse jajajajajaa.
Un beso.
Por mi parte puedes sacar del horno ya el siguiente relato, no vaya a quemarse jajajajajaa.
Un beso.
Comentario de: Arturo FantÓpera [Miembro]
Muchas gracias, Belkis. De verdad. Puede que yo haya tenido la batuta todo el rato, pero, dada mi inexperiencia, he tenido que recurrir a vuestras sugerencias para saber ciertos detalles...
Aún así, algunas cosas he tenido que basarlas más en tópicos preconcebidos (por ej.: la capacidad "multiorgásmica" de Elena. Dudaba de incluirlo, porque podía no corresponderse con la "realidad". Pero vuestros apoyos y falta de negativas y de incredulidad ("¡Anda ya! Esto se lo está inventando, es imposible") me indicaban que iba por el camino correcto...)
El futuro de esta pareja está en la mente de cada cual.
Por cierto, he metido adrede una pequeña contradicción en la personalidad de Arturo (no en esta última parte, sino en la anterior). ¿Alguien puede averiguarla?
Aún así, algunas cosas he tenido que basarlas más en tópicos preconcebidos (por ej.: la capacidad "multiorgásmica" de Elena. Dudaba de incluirlo, porque podía no corresponderse con la "realidad". Pero vuestros apoyos y falta de negativas y de incredulidad ("¡Anda ya! Esto se lo está inventando, es imposible") me indicaban que iba por el camino correcto...)
El futuro de esta pareja está en la mente de cada cual.
Por cierto, he metido adrede una pequeña contradicción en la personalidad de Arturo (no en esta última parte, sino en la anterior). ¿Alguien puede averiguarla?
Comentario de: Arturo FantÓpera [Miembro]
Gracias, Madrileña. Por tu apoyo, y sobre todo, por tu sinceridad y espontaneidad, ju, ju, ju...
Has comprendido bien los placeres que dan el anonimato.
Te adelanto que el próximo relato será un poco "tradicional", en cuanto a modo de narración y estilo. Incluiré descripciones detalladas, pero intentaré no ser demasiado redundante y pesado...
Besinazos para ti.
Has comprendido bien los placeres que dan el anonimato.
Te adelanto que el próximo relato será un poco "tradicional", en cuanto a modo de narración y estilo. Incluiré descripciones detalladas, pero intentaré no ser demasiado redundante y pesado...
Besinazos para ti.
Comentario de: Arturo FantÓpera [Miembro]
Hola, Gaviotalibre. Gracias a tí también por tu apoyo.
"...Yo los veo abrazados ahora mismo..." ¿y te despides de inmediato con "Un abrazo"? Vaya, eso sí que es llamativo, ji, ji, ji...
Puede que sea mi mente revoltosa, pero me da a mí que dicho "abrazo" es más que una expresión formal de despedida... (¡Ojalá esté en lo cierto, porque si no, quedaré en ridículo y en evidencia...!)
Dos abrazos para ti.
"...Yo los veo abrazados ahora mismo..." ¿y te despides de inmediato con "Un abrazo"? Vaya, eso sí que es llamativo, ji, ji, ji...
Puede que sea mi mente revoltosa, pero me da a mí que dicho "abrazo" es más que una expresión formal de despedida... (¡Ojalá esté en lo cierto, porque si no, quedaré en ridículo y en evidencia...!)
Dos abrazos para ti.
Comentario de: Arturo FantÓpera [Miembro]
Gracias, Esttivalia.
El final, ni lo moveré... Con lo hechos polvo (y nunca mejor dicho) que han quedado los protagonistas, mucho me temo que no se podrán "mover" en mucho tiempo, ju, ju, ju...
Por cierto, yo también he quedado "hecho polvo", ¿sabes...? No sé los demás, pero cuando yo describo una acción, la "sigo" en mi mente hasta el fondo, para revelar detalles que considero importantes y enriquecer la lectura. Consecuencia: cada vez que uno de los "protas" respiraba hondamente, servidor también lo hacía...
Y no te preocupes por el siguiente relato: está en el horno, pero a temperatura de "conservación" (34 grados ;-)
Dos besos para ti.
El final, ni lo moveré... Con lo hechos polvo (y nunca mejor dicho) que han quedado los protagonistas, mucho me temo que no se podrán "mover" en mucho tiempo, ju, ju, ju...
Por cierto, yo también he quedado "hecho polvo", ¿sabes...? No sé los demás, pero cuando yo describo una acción, la "sigo" en mi mente hasta el fondo, para revelar detalles que considero importantes y enriquecer la lectura. Consecuencia: cada vez que uno de los "protas" respiraba hondamente, servidor también lo hacía...
Y no te preocupes por el siguiente relato: está en el horno, pero a temperatura de "conservación" (34 grados ;-)
Dos besos para ti.
Comentario de: gaviotalibre [Miembro]
jajajaja, no me he dado cuenta... pero no se te escapa una, ¿eh?
¡Después de leer tu relato no me quedo yo en condiciones para pensar!
Menos mal que no me pongo colorada tan fácilmente porque has estado a punto de sacarme los colores.
Para evitar malentendidos, ¡¡¡mejor me despido con un beso enorme!!!
¡Después de leer tu relato no me quedo yo en condiciones para pensar!
Menos mal que no me pongo colorada tan fácilmente porque has estado a punto de sacarme los colores.
Para evitar malentendidos, ¡¡¡mejor me despido con un beso enorme!!!
Comentario de: belkis [Visitante]
Pues he leído la otra parte y no he encontrado la contradicción. Una pena, para mí. Porque iba a pedirte como premio que me explicases la razón por la que soy la única comentarista a la que despides sin beso, ni abrazo ni siquiera un saludo. Fíjate en todas tus respuestas.
No es envidia, ¿eh? Es simple y llanamente curiosidad.
De todos modos, diré que para mí la mayor contradicción de Arturo ha sido acostarse con alguien a quien vio nacer y crecer; os aseguro que eso debe ser dificilísimo.
Un saludo.
No es envidia, ¿eh? Es simple y llanamente curiosidad.
De todos modos, diré que para mí la mayor contradicción de Arturo ha sido acostarse con alguien a quien vio nacer y crecer; os aseguro que eso debe ser dificilísimo.
Un saludo.
Comentario de: Arturo FantÓpera [Miembro]
Jolines, Belkis. Pues tienes razón, lo siento.
El "premio" que mencionas te lo puedo anticipar: pura timidez y coincidencia... Tu comentario ha sido el primero que he contestado, y no había tomado todavía la "carrerilla" suficiente como para expresar esa confianza... Confianza que sí me he tomado con las siquientes (y que, dicho sea de paso, y que no tiene nada que ver contigo, corro el riesgo de que alguien se la tome a mal, contestándome de mala manera...). Mea culpa.
En cuanto a la contradicción que mencionas. Bien, es parte de la ambigüedad que en mi opinión todo buen relato que se precie debe tener. Ese "punto" algo oscuro e indefinido que debe hacer pensar al lector. Es como la provocación excéntrica de un artista, pero no tan llamativa ni tan exagerada...
¡¡Muchos abrazos, muchos besones y muchas sonrisas para tí, Belkis!!
El "premio" que mencionas te lo puedo anticipar: pura timidez y coincidencia... Tu comentario ha sido el primero que he contestado, y no había tomado todavía la "carrerilla" suficiente como para expresar esa confianza... Confianza que sí me he tomado con las siquientes (y que, dicho sea de paso, y que no tiene nada que ver contigo, corro el riesgo de que alguien se la tome a mal, contestándome de mala manera...). Mea culpa.
En cuanto a la contradicción que mencionas. Bien, es parte de la ambigüedad que en mi opinión todo buen relato que se precie debe tener. Ese "punto" algo oscuro e indefinido que debe hacer pensar al lector. Es como la provocación excéntrica de un artista, pero no tan llamativa ni tan exagerada...
¡¡Muchos abrazos, muchos besones y muchas sonrisas para tí, Belkis!!
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