Muchas veces pienso en si nuestras demandas de afecto y atención, de compañía y sexo, tendrían tanta fuerza y ocuparían tantos medios si nuestras preocupaciones fueran las de la gente del tercer mundo: sobrevivir.
No me siento capaz de ponerme en su lugar, por mucho que lo intente. No me siento capaz de pensar en si estaría tan "delicado de sentimientos", tan expresivo, si no me aguardara una casa, un plato de comida caliente, unas sábanas limpias, una estufa contra el frío, una sombra fresca contra el calor, el agua necesaria, tanto fría como caliente, servicios sanitarios, mercados abastecidos, trabajo por el cual pagarme todo lo anterior y permitirme algún capricho (toco madera por que esto último perdure).
No me siento capaz de pensar en si viviera en el tercer mundo, ya tendría esposa e hijos, sí, pero viviría en una chabola, expuesto a enfermedades, hambre, sed, ociosidad forzada o todo lo contrario, secuestrado para la esclavitud. A mi edad me consideraría afortunado de seguir con vida, y más afortunado aún si conservara el uso de mis miembros.
¿A esto se ha llegado? Unos pocos esclavizan al resto para sus deseos, entre ellos sexuales. Tendría suerte si no cayera en uno de esos harenes ocultos que tendrán los jeques árabes, o uno de sus inmensas comitivas, o uno de sus numerosos familiares, donde practican las más aberrantes prácticas sexuales sin que nadie les ponga coto ni freno. Cuando no sería esclavo laboral, trabajando en minas de sal bajo un sol achicharrante, o formando parte de una cadena humana buscando esmeraldas, oro de aluvión, diamantes, uranio, coltan, titanio y otros materiales extraños a mis sencillos ojos. O cuando no estaría forzando mis pulmones para buscar coral rojo a veinte o treinta metros de profundidad en el mar.
Qué fácil es cerrar los ojos a todo esto que sabemos que existe, y que nos beneficiamos indirectamente de ello, propiciando el comercio de dichas materias primas. Pero es más sangrante e injusto cuando pensamos en si no tenemos pareja, si mi pareja me es infiel, si mi pareja ya no me quiere, las dudas que tenga yo en si quiero o no a mi pareja... todo dudas en la punta de una gigantesca pirámide, que suenan a este espacio es mío, mira qué coche tengo, me estás quitando la luz, no me gusta que estés a mi lado, el color rojo de tu pelo es total, dónde puedo conseguir este producto, es una injusticia que me hayan desplazado el puesto de trabajo a tres metros más allá, cuando yo estaba tan a gusto aquí, pero prefiero estar más arriba, mi piscina, mi plaza de garaje, mi trastero, mis vacaciones, mis viajes, mi gasoil, el mantenimiento de mi coche, el colegio de mis hijos, sus profesores, si le quitan el móvil a mi hijo o me viene llorando porque éstos le han dado una colleja, iré a demandarlos, faltaría más, mi pareja, si no hace lo que quiero no sigo con ella, si yo le hago esto, debe hacerme esto, si necesita esto de mí, vale, pero yo a cambio quiero esto de ella, ya no soporto que me toques esto, ya no soporto que me mires así, ya no soporto tus michelines, ya no soporto tus trasiegos cerveceros, ya no soporto que vengas a las tantas de la noche, tenemos que hablar de decisiones importantes, de qué color pintaremos esta habitación, de si compramos otra televisión, de si prestas más atención al ordenador que a mí, de si nos vamos de vacaciones a la montaña o a la playa, de si el vecino tiene un coche mejor que el nuestro...
Todo esto mientras en otras zonas del mundo, ocultos tras la niebla de nuestra indiferencia y nuestra ceguera más selectiva, sufren millones y millones de seres humanos. Gobiernos corruptos para sacar las materias primas que consumimos de una forma tan estúpida, trivial e irresponsable.
Y el sexo es una de esas trivialidades. Hay veces en que el desánimo que siento es tal, que el eco que me despierta esta conclusión tan atroz se amplifica, negándome entonces a cumplir con una de mis pretendidas necesidades, que no es tal, sino un caramelo de un niño egoísta, goloso y chillón.
¿Látex para preservativos? No hay problema, se obtienen de las plantaciones de Manaos, o de las islas del sureste asiático. ¿Marfil para consoladores? Se cazan cuantos elefantes y rinocerontes hagan falta, dejando el resto a las hienas ¿Algodón para lencería fina, tan fina que sólo dura una sesión y se tira? América del sur, China e India nos proveen de algodón que pasa por manos "francesas" para cumplir nuestros sueños eróticos. ¿Pilas para vibradores? Níquel, cadmio, cobre y litio obtenidos de minas deshumanizadas de a 0'01 € la hora de trabajo. ¿Fibra de vidrio para máquinas de follar? Procesos de depuración química venenosos. ¿Muñecas hinchables? Talleres hacinados con niños de dedos deformes manejando máquinas costureras. ¿Prostitutas baratas? Puticlubs donde se dan palizas a las chicas raptadas en sus lugares de origen si no cumplen, o enganchadas al caballo y sometidas si no rinden la cuota. ¿Silicio para circuitos integrados, germanio para tecnología por satélite y otros materiales igualmente puros y raros de conseguir para intercomunicar a miles de personas castradas mentalmente? Minas donde se extraen y se trituran miles de toneladas de roca para conseguir un ínfimo porcentaje de dichos materiales, en donde la gente pierde dedos, manos, brazos y piernas en el proceso.
Llegados a este punto, pienso en que este blog forma parte de eso, y funciona gracias a eso, y os llega a vosotros gracias a eso, y miro al manco desahuciado por una mina antipersona que dejaron antaño unos guerrilleros en un campo próximo al de su labranza, que a su vez han sido armados con suministros militares por un grupo cuyos jefes sirven a otros jefes que tienen tratos comerciales con una empresa extractora de zinc y germanio que esquilmó y envenenó los árboles de esa región, y que hace años que se fueron, pero no se llevaron consigo las minas que sembraron para fomentar el descontento social de la zona, procurándose mano de obra barata abundante, desorganizada y reemplazable mientras durara la riqueza de la mina.
El puente entre ese manco y yo está tendido: pero él mantiene su mirada alta, interrogante, superviviente, y yo me derrumbo, avergonzado y abrumado por la acusación que carga esa mirada. Acusación de la que él no es consciente, pero yo sí, gracias a que sé, o podría saber, las circunstancias que le condujeron a la pérdida de su brazo, y de las que he sido el causante en mayor o menor porcentaje... Y si él lo supiera, no sé qué me pasaría a mí...
Comentario de: gaviotalibre [Miembro]
Hace algún tiempo leí, no recuerdo ya donde ni quién lo escribió, sobre una psicóloga novata que tenía que hablar con los supervivientes de una patera.
Se sentía desconcertada por tener que hablar con personas que habían perdido a parte de su familia buscando un mundo mejor, un mundo que ella sabía no ser tan bueno. Tenía temor a no poder entender a estas personas cuyos problemas eran más profundos que los de nuestra sociedad.
Cuando llegó empezó a dar apoyo a una mujer... se sorprendió al escucharla hablar del amor que sentía por un hombre, que ese amor era imposible porque estaba destinado a casar con una prima pero que ambos se querían.
Esto lo leí como siendo verídico...
Nos adaptamos a vivir en nuestra realidad, por muy mala que sea. Cuesta creer que, al final, nuestros problemas son los mismos, pero ¿no será así?
Tenemos el deber de ayudar este mundo de la forma que esté a nuestro alcance, pero no creo necesario cambiar todo de golpe privándonos de los bienes materiales. Al final, seguro que si lo hacemos ¿estaremos ayudando a los que trabajan por tan poco dinero? ¿No será que por ayudar les quitamos lo poco que tienen para comer?
Un abrazo.
Se sentía desconcertada por tener que hablar con personas que habían perdido a parte de su familia buscando un mundo mejor, un mundo que ella sabía no ser tan bueno. Tenía temor a no poder entender a estas personas cuyos problemas eran más profundos que los de nuestra sociedad.
Cuando llegó empezó a dar apoyo a una mujer... se sorprendió al escucharla hablar del amor que sentía por un hombre, que ese amor era imposible porque estaba destinado a casar con una prima pero que ambos se querían.
Esto lo leí como siendo verídico...
Nos adaptamos a vivir en nuestra realidad, por muy mala que sea. Cuesta creer que, al final, nuestros problemas son los mismos, pero ¿no será así?
Tenemos el deber de ayudar este mundo de la forma que esté a nuestro alcance, pero no creo necesario cambiar todo de golpe privándonos de los bienes materiales. Al final, seguro que si lo hacemos ¿estaremos ayudando a los que trabajan por tan poco dinero? ¿No será que por ayudar les quitamos lo poco que tienen para comer?
Un abrazo.
Comentario de: belkis [Visitante]
Creo que está claro que existen enormes diferencias entre lo que conocemos como nuestro mundo y el tercer mundo. Y nosotros, desde nuestra posición, podemos hacer algo, pero es tan poco. Quienes tienen en su mano el poder y las herramientas para hacerlo, son los que dan la espalda y cierran los ojos; eso como poco. Otros, se enriquecen a su costa.
Nosotros podemos hacer pequeñas cosas como colaborar con asociaciones o ONG's que ayuden a sus pueblos. Yo suelo mirar a veces las etiquetas de los productos que compro, para ver dónde han sido fabricados. Si son susceptibles de haber sido elaborados bajo mano de obra esclavizada o bajo presión, te aseguro que no lo compro.
Y otra pequeña cosa que hago, para aportar mi granito de arena, es que intento educar a mis hijos a que valoren lo que tienen, a pesar de que vivimos en un mundo materialista. No soy partidaria de las marcas e intento inculcarles que el llevar ropa de una marca o de otra no va a hacerles mejores personas. Les hago ver que para llegar a fin de mes, hay que racionalizar los recursos.
Sé que no es mucho, pero creo que en la educación y visión que demos a las nuevas generaciones, podría existir la salvación de este asquerosito y desigual mundo.
Como creo que me voy a ir yendo por los cerros de Úbeda, lo dejo ya aquí.
Un artículo muy interesante, Arturo. Y hay una cosa que me has dicho que me ha despertado cierta curiosidad: ¿los consoladores llevan alguna parte de marfil? ¿Y qué parte? No logro entenderlo.
Un abrazo.
Nosotros podemos hacer pequeñas cosas como colaborar con asociaciones o ONG's que ayuden a sus pueblos. Yo suelo mirar a veces las etiquetas de los productos que compro, para ver dónde han sido fabricados. Si son susceptibles de haber sido elaborados bajo mano de obra esclavizada o bajo presión, te aseguro que no lo compro.
Y otra pequeña cosa que hago, para aportar mi granito de arena, es que intento educar a mis hijos a que valoren lo que tienen, a pesar de que vivimos en un mundo materialista. No soy partidaria de las marcas e intento inculcarles que el llevar ropa de una marca o de otra no va a hacerles mejores personas. Les hago ver que para llegar a fin de mes, hay que racionalizar los recursos.
Sé que no es mucho, pero creo que en la educación y visión que demos a las nuevas generaciones, podría existir la salvación de este asquerosito y desigual mundo.
Como creo que me voy a ir yendo por los cerros de Úbeda, lo dejo ya aquí.
Un artículo muy interesante, Arturo. Y hay una cosa que me has dicho que me ha despertado cierta curiosidad: ¿los consoladores llevan alguna parte de marfil? ¿Y qué parte? No logro entenderlo.
Un abrazo.
Comentario de: proserpina [Visitante]
Si, todo es relativo. Los problemas de uno son pequeños comparados con otros que son más básicos. Da mucha pena la injusticia en el mundo y no hay que cerrar los ojos a ella, pero no hay que perder la perspectiva y cargar con la culpa de las injusticias, porque en el fondo uno solamente es responsable de sus propios actos.
A cada uno le toca vivir una realidad distinta. Por suerte nuestra sociedad no tiene que luchar con problemas básicos como es el comer diario o la guerra, que en el fondo es el problema de muchos países del tercer mundo. Seguramente nuestros abuelos tuvieron este tipo de necesidades como prioridades, pero el ser humano va pasando por fases. Cuando la fase de necesidades básicas es cubierta se pasa a otro nivel digamos más elevado, donde se buscan otras necesidades más espirituales. Arturo menciona el sexo, pero yo creo que es una necesidad básica que no hay que menospreciar ni tampoco hay que sentirse culpable por ser "menos importante". Lo dicho, todo es relativo.
A cada uno le toca vivir una realidad distinta. Por suerte nuestra sociedad no tiene que luchar con problemas básicos como es el comer diario o la guerra, que en el fondo es el problema de muchos países del tercer mundo. Seguramente nuestros abuelos tuvieron este tipo de necesidades como prioridades, pero el ser humano va pasando por fases. Cuando la fase de necesidades básicas es cubierta se pasa a otro nivel digamos más elevado, donde se buscan otras necesidades más espirituales. Arturo menciona el sexo, pero yo creo que es una necesidad básica que no hay que menospreciar ni tampoco hay que sentirse culpable por ser "menos importante". Lo dicho, todo es relativo.
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