martes, 28 de abril de 2009

28-4-2009: Violencia en el sexo.

Con este título intimidatorio y que se presta a oscuras y malévolas interpretaciones, (casi todas válidas, por desgracia), entro en terrenos muy resbaladizos. Pero me creo lo suficientemente habilidoso como para evitar romper sensibilidades que afloran en el camino como bolsas de pus, a punto de estallar y soltar su asquerosa carga.

Y aunque este asunto tenga un trasfondo doloroso y digno de la más enérgica denuncia (una faceta de la cual cumplí aquí en parte), ahora me apetece más incidir en la violencia natural, casi ritual, que conlleva la práctica del sexo.

En la naturaleza se da cada dos por tres: la mantis religiosa hembra descabeza y se come al macho mientras tiene lugar la cópula. La viuda negra lo mismo, sólo que el macho intenta poner patas en polvorosa en cuanto ha cumplido su cometido (esto sí que es eyaculación precoz), cosa que no siempre consigue, para su desgracia. Cierta especie de tiburones se muerden en las aletas mientras ha lugar el cruce hasta el punto de casi arrancarlas de cuajo. Leones que sueltan rugidos escalofriantes (a ver quién es el valiente que se atreve a pedirles que se callen, que molestan a los vecinos), elefantes y ballenas con miembros viriles de tamaños más que respetables, de cuyo manejo no son precisamente cuidadosos…

Los seres humanos tampoco somos ajenos a esto. Cachetes, arañazos, mordiscos, tirones, vapuleos, inmovilizaciones, peleas… también tienen su lugar.

Y si a eso añado el morbo (en los previos al encuentro) y el descontrol en algunas ocasiones (durante dicho encuentro), se monta un cóctel explosivo que mucha gente disfrutará de forma abierta… pero que, irónicamente, no reconocerá a bote pronto en una conversación cotidiana.

Así que… ¿qué forma parte de las fantasías inconfesables, o de las fantasías confesables pero irrealizables, o de las fantasías habituales y realizables pero sólo en determinadas circunstancias, o de las fantasías habituales y cotidianas?

Supongo que dependerá de la dinámica y la complicidad que se establezca en cada pareja.

Recuerdo, por ejemplo, una historia-caricatura en un tebeo porno en donde una pareja hetero están follando. En el transcurso de la historieta, se intercalan viñetas sobre una fantasía erótica de él en donde “domina” a su pareja, con todo lujo de detalles sadomaso y similitud de posturas. Al acabar y despedirse ambos, el hombre, mientras vuelve a su casa, suspira profundamente, lamentándose de no atreverse a proponer esa fantasía políticamente incorrecta, por miedo a despertar en ella una reacción adversa que haga que la relación termine de forma tajante… y concluye: “algún día se lo propondré”. En la última viñeta, aparece ella toda espatarrada, con ojos semicerrados y un dedo en la boca, pensando en una escena sadomaso en donde ella es la dominada, y suspirando por no poder hacer realidad esa fantasía, terminando con “algún día se lo propondré”.

Aunque la historia es chusca por el tratamiento dado en dicho tebeo, se me quedó la moraleja, y aquí la transmito.

¿Hasta qué punto se puede llegar en la confianza con la pareja para proponer algo así? ¿cuándo sería el momento adecuado? Un cumpleaños sexy (“mi regalo es una fantasía que quieras hacer realidad”), una proposición de ruptura de rutina (“Esta noche es luna llena, querida… ya sabes el “cara o cruz”… ¿estás preparada?” -jugarse a cara o cruz quién va a proponer una fantasía y quién va a obedecer para llevarla a cabo-), echar mano de octavillas previamente escritas en solitario en donde se refieren qué le gustaría hacer, o bien escoger de entre un juego algo “fuertecillo” comprado exprofesso…

¿Es preciso hablarlo antes o después? ¿establecer unas reglas mínimas, o confiar en la pareja para que marque los límites? ¿explorar poco a poco, o dejarlo todo bien atado desde el principio? ¿vale la pena hablarlo antes, arriesgando la “novedad” y el morbo mientras sucede?

Atar con esposas a tu pareja en la cama, cegarla con una venda y… yo qué se… hacerle cosquillas, o chuparle una zona muy sensible que rechaza por reflejo, o… algo más fuerte: una mamada completa, una sentada en toda su cara, usar juguetes, comida … más fuerte aún: cera caliente (y aprovechar para depilar), incluir un “invitado sorpresa”…

Pero eso sí, como ví en un vídeo de internet, no apropiarse del mando a distancia de la tele y ver tu serie favorita desde la cama. Esto ya sería cruel, ¿no…?




Comentario de: Margaret [Visitante]
Es difícil de establecer pautas generales cuando cada persona es un mundo y lo mismo se puede aplicar a cada pareja. Depende de la comunicación, la confianza y hasta donde cada uno quiera llegar, con todo el respeto a la otra persona, por supuesto.

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