Una de las facetas de mi estado es la de no responder ante nadie. Así, si paso una temporada en la que se me puede calificar de "químicamente castrado", no tengo que explicar porqué ni rechazar una insinuación que puede sentar mal a la otra persona, ni nada parecido.
Una temporada que hace aproximadamente una semana que empezó. Uno de mis principales motivos es el trabajo. Se nos echa encima las fechas de entrega de la obra, y estamos todos alterados, yendo de aquí para allá, cometiendo errores, probando instalaciones nuevas, cometiendo más errores aún, intentando poner en marcha máquinas de todos los tamaños y potencias (desde una lamparita de emergencia hasta una cortadora de planchas metálicas de tres metros de alta), cometiendo errores, intentando comprender por qué no arrancan, ultimando detalles que se dejaron en su día por falta de material, a toda prisa, y... cometiendo errores por eso mismo.
La metáfora-moraleja está servida: después de muchos meses de trabajo insistente, disciplina, esfuerzos varios, habilidades en juego, etc., el fruto de todo eso puede fallar por la causa más tonta, por un malentendido, por... pura mala suerte.
Lo mismo pasa en el sexo. Será cuestión de ponerse a ello, pero algo me dice que la experiencia en el sexo no es determinante para disfrutar. No soy de los que piensan que he de acostarme con un montón de mujeres para saber satisfacer a la siguiente (más que nada porque no tengo otra opción), pero sí me gustaría que, si algún día tengo una relación, ésta fuera estable y a la vez, no cotidiana. Es decir, que la sorpresa, la iniciativa y la chispa fuera el orden del día (a ver qué me tiene preparado cuando llegue a casa, y si no ha llegado todavía, qué le preparo yo, por ej.)
Ahora que estoy de un inapetente completo, no sé cómo actuaría si de repente por la puerta aparece una desconocida en deshabillé. Intento imaginarme la escena, y... no me sale nada: ni reacción, ni ojos como platos, ni siquiera desviar la vista... porque es todo fantasía. Y a veces, uno se empacha de ella. Y viene bien el pasar algunos días como los presentes, para volver con más energía...
La metáfora-moraleja está servida: después de muchos meses de trabajo insistente, disciplina, esfuerzos varios, habilidades en juego, etc., el fruto de todo eso puede fallar por la causa más tonta, por un malentendido, por... pura mala suerte.
Lo mismo pasa en el sexo. Será cuestión de ponerse a ello, pero algo me dice que la experiencia en el sexo no es determinante para disfrutar. No soy de los que piensan que he de acostarme con un montón de mujeres para saber satisfacer a la siguiente (más que nada porque no tengo otra opción), pero sí me gustaría que, si algún día tengo una relación, ésta fuera estable y a la vez, no cotidiana. Es decir, que la sorpresa, la iniciativa y la chispa fuera el orden del día (a ver qué me tiene preparado cuando llegue a casa, y si no ha llegado todavía, qué le preparo yo, por ej.)
Ahora que estoy de un inapetente completo, no sé cómo actuaría si de repente por la puerta aparece una desconocida en deshabillé. Intento imaginarme la escena, y... no me sale nada: ni reacción, ni ojos como platos, ni siquiera desviar la vista... porque es todo fantasía. Y a veces, uno se empacha de ella. Y viene bien el pasar algunos días como los presentes, para volver con más energía...
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