viernes, 10 de abril de 2009

10-4-2009; La sirena (3ª parte).


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No recuerdo si dormí aquella noche. Lo que sí recuerdo es que, en cierto momento, cerca del amanecer, vuelto hacia la ventana y fijándome en la luz que llegaba por entre las rendijas, ella se volvió y se encajó en mi espalda, echando su brazo libre por encima de mi costado. Aquello terminó de despejarme. En la penumbra, sonreí y disfruté de su abrazo, sentí centímetro por centímetro toda la piel unida, su respiración y tibieza, dediqué todo el tiempo que le hiciera falta a mi memoria para que aquel momento tan especial echara raíces y no se fuera jamás.

Al cabo de mucho rato, con picardía y lentitud, empujé su mano hacia mi entrepierna, que se reactivó al instante. Cerré sus dedos en torno, y la dejé así. Esperé a que ella diera el siguiente paso, pero en vano. O bien debía de estar dormida y bien dormida, o bien se negaba a darlo, disfrutando de ese juego de roles activo/pasivo, o bien disfrutaba de aquel abrazo como para terminarlo y empezar otra sesión de sexo.

Me decidió el dolor de la erección fija. Empecé a mover mis caderas muy despacio, sujetando su mano. Y al cabo de mucho rato, ella respondió otra vez.

Horas después, nos duchamos juntos. Me hizo gracia la situación: ver nuestros cuerpos en la bañera, húmedos, contrastar la diferencia de temperaturas a que estábamos habituados; quise que se dedicara al mío, y yo después al suyo. Mojar, enjabonar, frotar y aclarar con la ducha. Las sensaciones fueron arrolladoras para mí. Y lo serían más aún si ella hubiera hecho caso de mi señal: a mi falo sólo le faltaba levantarse, ya estaba hinchado. Pero sólo sonreía, y acepté su negativa. Después de todo, aún quedaba mucho rato por delante juntos, y teníamos una cama allí al lado, en vez de intentar hacerlo de pie en un sitio que resbalaba mucho.

Salimos de paseo otra vez. La llevé por sitios donde yo iba habitualmente, contándole anécdotas de mi pasado, que ella escuchaba y contestaba a su vez con otras anécdotas. Me hacía gracia cuando decía: "Aquí en (nombre de la isla)...". Había logrado que se sintiera como en casa. En cierto momento, le apeteció bajarse a la ribera de un río, algo nuevo y exótico para ella, poblado de altos árboles. Yo accedí, pero me puse nervioso, puesto que dicho sitio era habitual para yonquis, y temía que nos atracaran. Afortunadamente me tranquilicé al ver que no había nadie. No eran horas. Además ella ayudó: lo que quería era cierta intimidad para abrazarme y besarme con largueza, y la complací.

Volvimos despacio al hostal. En el camino, paramos en un restaurante a comer de tapas: ninguno de los dos teníamos apenas hambre.

Ya en el ascensor, me abalancé y le devolví el beso con ferocidad. Me contuve hasta llegar a la habitación, en que me lancé otra vez, y quise hacerla mía contra la pared, pero ella se escabulló, preocupada por mi espalda. Se tumbó en la cama y me esperó. Me desnudé y tomé de nuevo la iniciativa encima de ella.

Mucho rato después, tumbados de lado, frente a frente, hablamos. Evitábamos nuestra inminente despedida como un dolor de muelas. Seguíamos con nuestros sueños, deseos, proyectos, amores, experiencias, opiniones sobre cualquier cosa... menos un futuro juntos. Ella tenía su vida en las islas, y yo la tenía en mi ciudad.

Mi entrepierna seguía hinchada. En cierto momento, ella se encogió y bajó la cabeza. En cómoda posición, trabajó con su boca y sus manos cuanto quiso, ahí y alrededores. Yo la dejaba hacer, sin fuerzas y en lo más profundo de la nube, apreciando la iniciativa, hasta que el dolor hizo acto de presencia. Entonces relevé su mano, y me estimulé a mi mismo, terminando en poco rato. Mantenía su boca pegada en la punta, cosa que me inflamó más aún. Confiaba en mí hasta ese punto, y yo respondí, descargando en ella.

En un alarde de confianza mutua, decidí ir a mi casa a por mi álbum de fotos familiares. Al ver una foto mía de niño, en la que aparecía con los mofletes hinchados por las manos que me sostenían bajo los bracitos, y con los ojos muy abiertos, sonrió con ternura, y dijo que me comería a besos. Yo sonreí a mi vez, y contesté que ya lo hacía.

Ni siquiera bajamos a cenar. Ya habría tiempo de comer después de la despedida. Otra noche en vela, contando los minutos, que pasaban agradablemente conmigo dentro de ella, y sus suspiros en mis orejas, y sus besos en mi cara, y sus manos frotando mis espaldas, mis ijares y mis nalgas.

Llegó la hora. Recogimos la habitación. Nos aseguramos de no dejar nada nuestro, y salimos. Tomamos un taxi y fuimos al aeropuerto. Nos despedimos con un largo beso y abrazo, que a mí me supo amargo. Porque algo en mi interior sabía que aquel beso sería el último en muchos años (y así ha sido, por desgracia). La contemplé cuando se iba por el pasillo hacia el avión, cuando ella se volvió y se despedía de mí con un gesto de la mano y una sonrisa triste. Ví cómo despegaba su avión, y me quedé un buen rato, amarrado con los dedos a la reja...

Tomé un taxi, volví a casa y dormí hasta la hora de comer, tras lo cual me fui al trabajo. En la pausa de la merienda, la llamé por teléfono, y pregunté qué tal el viaje.

Nunca volvimos a vernos.

Fin.

Con esto, doy por cumplida una de mis promesas de principios de mi blog, en donde relato "mi primera vez". Habéis acertado quienes dudábais de si era cierta o no. Ahora ya podéis decirlo. Fue cierta de principio a fin.

Me ha costado mucho escribirlo. En parte por la intimidad publicada aquí para quien quiera leerlo (y que me refrenda más aún en mantener mi anonimato), en parte porque la añoro, y por la tristeza que me traen esos recuerdos irrepetibles, y en parte por reconocer que fue un episodio aislado que confirma la soledad endémica que sufro. Tenía 27 años, fue en la primavera del 97, y desde entonces nunca he vuelto a disfrutar de un "beso del alma". Se dice pronto, ¿no? Doce años sin besar ni abrazar con cariño sincero a una mujer. Y en la literatura, en las películas, en los medios de comunicación en general, dicha temporada suena imposible. Pues en mí tenéis la prueba de que puede ser así perfectamente, y no parecer un chalado, un salido o un reprimido (pero sí un "sublimado"). Además de estar sometido a un constante bombardeo "erotizante" desde la publicidad, en la calle, entre los amigos, en compañeros de trabajo, etc.

Una prueba, quizá la definitiva, de qué grado de importancia íntima le doy al sexo.

Por lo menos, ahora, que me quiten lo "bailao".

Otra cosa: no he dado más detalles de esa mujer, y así seguiré: edad, color de pelo, estado civil, nombre, islas donde vive, profesión, etc. Dado el poco público de que dispongo, dudo que me lea y se reconozca a sí misma. Si se diera el caso... bueno, ya cruzaré ese puente cuando llegue a él.




Comentario de: proserpina [Visitante]
Es una historia muy hermosa. Muy triste que tuviera continuidad, pero la vida a veces es así.

Un abrazo y un beso, aunque sea virtual,

pro



Comentario de: proserpina [Visitante]
"que no tuviera continuidad" quería decir.



Comentario de: belkis [Visitante]
Arturo FantÓpera, no sé muy bien explicarte por qué, pero yo no tuve dudas de que era real desde el principio.

Una historia bella, tierna, sensual....Puedo entender que no volviérais a veros más, pero me cuesta entender por qué no hubo otra sirena después en tu vida. Es sólo mi opinión, no es una pregunta, no espero respuesta.

Te diré, como falso consuelo, que hay mucha más gente que vive condenada a ver y no tocar, al no sexo, a veces por decisión propia o a veces en contra de su voluntad.

Yo sí creo que haya personas que vivan sin sexo aún necesitándolo y deseándolo.....creo que quizás fue eso lo que me llamó principalmente la atención de tu blog, el título y el párrafo de presentación.

Muy bien narrado: excitante, dulce. Un saludo.



Comentario de: mafalda [Visitante]
Yo siempre he pensado que esta historia era real, aunque siempre te queda un rincón para la duda.

Es una historia muy buena, y la has contado a las mil maravillas.

Eso de que no lee tu blog... nunca se sabe. igual lo sigue en silencio y no lo sabes, y ahora se ha quedado sorprendida con este relato.

Me sorprende que después de la historia tan bonita que vivisteis, que no hayáis vuelto a saber el uno del otro. Un final un poco amargo cuando podía haber tenido un final más dulce.

En fin... a veces la vida es así de injusta.



Comentario de: esttivalia [Visitante]
Una primera vez maravillosa. Muchos te envidiarían si lo supieran. Sí, no estoy loca, muchos hombres que fanfarronean sobre sus "hazañas amorosas" hubieran querido sentir al menos una vez no sólo el placer físico, sino también el placer espiritual del que tú disfrutaste.

¿Quién sabe? Quizás del Ebro salga un día una ninfa que te haga dejar de añorar a tu sirena.

Un beso.



Comentario de: Arturo FantÓpera [Miembro]
Proserpina, si esto fuera una conversación hablada, este lapsus te habría quedado la mar de gracioso, ji, ji, ji... ¡porque me darías a entender que tú quieres continuarla, ja, ja, ja, ja...!

¡Cinco besones maños para tí, donde, cuando y como quieras...!



Comentario de: Arturo FantÓpera [Miembro]
Gracias, Belkis.

Y no te miento: no ha habido otra sirena desde entonces. Mi timidez, mi cerrazón, mi rehuir el trato humano (a esto se le llama misantropía: soy un misántropo con todas las de la ley; ojo, no confundir con "licantropía", no soy un licántropo u hombre-lobo, aunque a veces lo deseara para romper la monotonía, dejadez y aburrimiento de mi vida...).

Como te decía, no ha habido otra mujer en mi vida. Lo que cuento aquí es tal cual guardo el recuerdo, y lo cuento a grandes trazos.

Besinazos pa'tí.



Comentario de: Arturo FantÓpera [Miembro]
Hola, Mafalda.

Ya ves, el rincón para la duda ha quedado iluminado, y ya no hay sombra alguna de duda...

Ojalá lo leyera, pero hay una ínfima posibilidad de que lo haga, se identifique a sí misma, me recuerde y quiera ponerse en contacto conmigo otra vez, por lo menos para saber de nosotros... Mejor juego a la lotería, que tengo más posibilidades...

El final no podía haber sido más dulce, ¿no crees? Si tomo dicho encuentro como final, así ha sido...

Besos.



Comentario de: Arturo FantÓpera [Miembro]
Muy bueno, Estti, lo de la ninfa del Ebro que me haga dejar de añorar a mi sirena...

Pero no me hago ilusiones: no sabes lo difíciles y escurridizas que son dichas ninfas... si lo sabré yo, por mis parientas...

Y es que las mujeres sois difíciles, pero las zaragozanas, imposibles.

Y también acertada en lo de placer espiritual. Pero también me lo busqué, me contuve, me empujé a ello sin remedio al vacío...

Allá donde esté, espero que tenga tan buen recuerdo de mí como yo de ella y de lo que pasamos juntos.

Un besín...



Comentario de: proserpina [Visitante]
No me tientes...



Comentario de: madrileña [Visitante]
Me gustó mucho la historia, hablo en pasado porque hace unos días que la leí, pero no pude escribir (temas de la conexión de internet).

Creo que esta historia es bonita, por si como fue, igual de haber tenido alguna continuidad, el recuerdo no seria tan especial...y no deja de ser una primera vez del 15, no le daría menos nota.

¡¡Ays!! No te puedes hacer una idea de las cosas que he sentido leyéndolo, lástima no haber sido la afortunada, porque pasar todo un fin de semana tal y como lo has descrito ¡¡uf!!...pa necesitar otro pa descansar ;-)

Me encanta como escribes, pero eso ya lo sabes.

Besines

P.D: no saben las zaragozanas lo que se están perdiendo.



Comentario de: mafalda [Visitante]
¿¿Así que las zaragozanas somos escurridizas e imposibles?? Yo solo digo que de todo habrá, como en todos los sitios. unas que siempre se escurren y otras que no les importe arriesgar.

¡¡Un beso maño!!



Comentario de: Arturo FantÓpera [Miembro]
Porserpina, no puedo "tentarte", porque estás muy lejos y no sé quién eres... Sólo podría "tentarte" si te tuviera a un metro de mí, es decir, al alcance de mis brazos, y además en privado, para poder "tentarte" a gusto...

(Por si no lo captas, "tentar" también quiere decir, según el DRAE, "ejercitar el sentido del tacto, palpando o tocando una cosa materialmente"... ¿lo pillas, primor...? ji, ji ,ji..)



Comentario de: Arturo FantÓpera [Miembro]
Madrileña, gracias por tus piropos, me siento halagado.

¿Me puedes explicar qué has querido decir con "no deja de ser una primera vez del 15, no le daría menos nota"? ¿quince qué, quince veces...? Sólo he tenido ese fin de semana, que no sé si sumaron quince "cruces" (conste que no me gusta la parte exhibicionista de este juego de palabras, ¿eh...?, pero sí me gusta la otra parte que viene a llamar "cruce" al encuentro sexual... de hecho... no suena nada mal... ¿no os parece? "He tenido un cruce con ese hombre", "me gustaría cruzarme con esa mujer"... mmmm... sí, no suena nada nada mal. Lo incluiré en mi inminente entrada de "Metáforas cotidianas sobre el sexo").

¿Y a qué "nota" te refieres? ¿calificación del 1 al 10, y me pones un nota de 15, como mejor que matrícula de honor, o nota de apuntes al margen, o post-it virtual, o...? Si es lo primero, gracias. Lo disfruté hasta el límite de mis fuerzas, sí.

Y alégrate de no ser la "afortunada", porque uno de los factores por los que no volvimos a vernos nunca más es que es de las islas, y un viaje en avión o en barco es demasiado para mí (creo que me mareo insufriblemente en ambos), cosa que no se da en tu caso, que vives en Madrid, y entonces, entonces... entonces... em, serías un auténtico "sumidero" para mí, yo sería una motosierra humana para ti, no pararía ni aunque... ¿sabes ese chiste verde y bestia que dice: "-Chico, menuda vuelta de viaje. Ya tenía ganas. Nada más abrir la puerta le eché cinco polvos a mi novia allí mismo. -¿Y después qué hiciste? -Dejar las maletas en el suelo."

Bueno, pues... pues ya te haces una idea, ¿no...? Que uno lleva muuuucho tiempo sin "descargar", y tiene el "embalse" lleno, y todo se le va por el "sobradero", mientras allá abajo, el "generador" cría "polvo", pese al mantenimiento siempre listo con "lubricante"... El día que se "abran" las compuertas, será un terremoto: saldrá el agua toda espumosa, abundante, incontenible y violenta, y dudo que se puedan volver a "cerrar" las pobres compuertas, para mi "dolor", siempre hinchado y listo, casi priapismo, mientras mi pareja "tenga" en sus "manos" la "llave" de dichas compuertas para "cerrarlas"... ¡Ay, que estoy lanzado y me pongo burrooo!




Comentario de: Arturo FantÓpera [Miembro]
Buf, buf, buuuuf... Disculpa, Mafalda, he vuelto ya de "descargar" el "horno" provocado por mi respuesta al anterior comentario de Madrileña, y ya estoy más calmado...

Bueno, debo rectificar un poco: las mujeres de Zaragoza son difíciles, sí, pero yo tampoco lo pongo fácil: no te puedes imaginar las meteduras de pata que tengo cada vez que me lanzaba a por alguien. Antológicas, dignas de un vídeo titulado "Cómo NO intentar ligar", o "Contacto sin tacto", o "Hombre convertido en animal", o "Desesperación insostenible"...

De todos modos, estoy escribiendo algo al respecto, que publicaré en breve. Es algo que prometí en su día, y que ahora estoy de ánimo suficiente como para afrontarlo con todas las consecuencias. Lo estoy completando, tocará repasarlo y entonces, vais a saber todos y todas lo que es un peine. Garantizado: no dejaré títere con cabeza ¡ja!



Comentario de: madrileña [Visitante]
¡¡¡Señó!!! ¡¡¡las cosas que me dices!!! ¡¡ays!!... tú te pones burro, pero yo...¡¡enfin!!

Lo del 15 es una expresión muy de Cádiz, cuando algo es la leche, por ejemplo anoche salí y me pille un pedo del 15 significa que fue un pedo tremendo, ¡¡increíble!!...pues a eso me refería.

Besines

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