
Entramos en la habitación, y efectivamente, tal y como me había dicho abajo, en el bar, la cama no era de matrimonio, sino dos individuales puestas una al lado de la otra. Maldije para mis adentros el oportunismo del hostal. Debí haber pedido una habitación doble con una cama, tal y como me dijo posteriormente un amigo con experiencia en viajes.
Di un vistazo al baño; por lo menos, era amplio, limpio, completamente equipado y con bañera al fondo.
Estaba muy tenso. De puertas para afuera, mis movimientos, expresiones y demás eran contenidos, pero forzosos. Aquélla era la parte fácil. Cuando se está todo listo, cuando las diferentes etapas previas al encuentro se cumplen según lo acordado y se sabe cómo va a seguir, no hay que hacer nada fuera de lo normal. Simplemente dejarse llevar. Y pese al volcán que rugía en mi interior, sólo debía mantener las apariencias y cumplir con mi papel.
Me senté a los pies de una cama, recogido y frotando mis manos con fuerza. Ella encendió el televisor. Sentí curiosidad: por aquel entonces existía canal Plus codificado, y según la publicidad del hostal, disponían de un descodificador comunitario. Así que le pedí que pusiera ese canal. Daban una película porno en aquel momento, la del viernes por la noche a partir de la una de la madrugada. Sabía que era así, y también sentí curiosidad por ver su reacción. Manteniendo su sonrisa, me preguntó si quería verla. Le dije que no. Tenía muy claro que lo que iba a pasar tenía que ser sólo por y para nosotros dos. Y así lo dije, o algo parecido, no me acuerdo muy bien. Apagó la tele y se sentó a mi lado. Alzó una pierna y empezó a desatarse el botín.
Puse mi mano despacio encima de su tobillo, con intención de desatárselo yo, pero se volvió con los ojos entrecerrados, y con su mano dirigió su boca a la mía, y nos besamos.
Rebuscó en mi mejilla y en mi cuello, que tenía muy sensitivo; incliné la cabeza hacia ella, buscando más. Se levantó sin separarse de mí y se puso entre mis piernas, abarcándome la cara con ambas manos. Empezó a desabrocharme la camisa, me desató el pantalón y cuando salté, me estimuló con su boca directamente.
Su precipitación me dejó marcas, me causó dolor, estiró demasiado la piel, pero la dejé hacer. Se había ganado mi confianza plena. Llevaba esperando demasiado ese momento, que ya nunca olvidaría. Sin embargo los siguientes se me quedaron mezclados y envueltos en niebla, y ahora sólo veo fogonazos. En pleno beso rojo, ella me pidió que le metiera un dedo. El dolor al clavarme las uñas en el cuero cabelludo y tirarme del pelo mientras alcanzaba el clímax. Cuando le quité la ropa, y le acaricié la piel, su tibieza y finura. Su olor, con la colonia personalizada. El momento de besar sus pechos con besos de ventosa, dolorosos para ella en mi ignorancia y descontrol. Al ponerme el preservativo, habiendo practicado antes por mi cuenta. Entrar en ella con un poco de ayuda, encajar mi cabeza al lado de la suya tras besarla hasta dolerme el cuello y empujar...
Recuerdo cuando todo terminó y apagamos la luz. Sentía mi cuerpo como algo que ya no era mío. Sentía su presencia a mi lado, llamándome. La blancura de su piel reflejaba la luz de las farolas filtradas por la cortina. Y la acaricié, y susurré su nombre, y la abracé, y me pegué a ella, transmitiéndole mi deseo sin saciar al hacer que su mano acariciara mi entrepierna. Ella encendió la luz y respondió.
Después otra vez. Ya ni encendimos la luz hasta algún rato después de terminar. Le confesé que no podía dormir así, con ella a mi lado. Me dolían los ojos y la entrepierna. Que lo mejor sería que me fuera a mi casa, y descansáramos los dos. Ella aceptó con una sonrisa. Quedamos para dentro de unas horas.
Guiarla por mi ciudad, hacer de Ciccerone por los puentes viejos, por monumentos y por catedrales. Comimos juntos. Al volver, pasamos por zona comercial, y le recordé una promesa que tenía que cumplir: comprarle lencería pícara. Ella se avergonzó, ocultaba su cara, y yo reclamaba el pacto, en plan exigente; me partía de risa para mis adentros. En la sección de lencería de unos grandes almacenes, atestado de gente, tiraba de su mano de vez en cuando con discreción y la frotaba en mi entrepierna, provocativo, y le mostraba piezas que me gustaban, pero que ella no miraba, con la cara arrebolada y ocultando una sonrisa.
Aquella noche fue más intensa, si cabe, por conocernos mejor y no tener prisa. No me fui a mi casa, no me separé de ella. Recuerdo cuando le pedí que tomara la iniciativa y se pusiera encima de mí. Le dolía, y la tomé otra vez, y ya para los restos con esta postura, con mi cuerpo encima, embistiendo incansable y peleón cuanto hiciera falta, sin pedir un rato de descanso.
(Continuará)
Comentario de: proserpina [Visitante]
Uf, Arturo, uf, vaya experiencia... ¿sigue?
Comentario de: mafalda [Visitante]
Bueno bueno, menuda vivencia... ¿o es todo ficción? Aún sigo con la duda. pero me ha gustado, y por lo que he visto, va a continuar.
Comentario de: mirola [Visitante]
Me parece que te enamoraste de esta chica, si es real, que tal como lo cuentas, creo que sí. El sexo dulce es precioso, no digo que el más agresivo esté mal, pero el dulce es maravilloso. Es muy importante que el hombre se dé cuenta que hay cosas que por muy excitada que se esté causan dolor y hay que ir con mucha delicadeza.
Creo que eres dulce. No se si está bien que lo diga, pero yo ese sentido, de saber lo que se debe decir o no se debe decir, a veces lo pierdo.
Un beso, cuidate y disfruta.
Creo que eres dulce. No se si está bien que lo diga, pero yo ese sentido, de saber lo que se debe decir o no se debe decir, a veces lo pierdo.
Un beso, cuidate y disfruta.
Comentario de: esttivalia [Visitante]
Me encanta la historia y no importa si es real o no, lo que me gusta es que es creíble. Incluso la dulce contradicción de la chica que se hace de fuego en la cama, en la intimidad, y se ruboriza comprando lencería provocativa ante la gente.
Hasta pronto, Arturo, un beso.
Hasta pronto, Arturo, un beso.
Comentario de: Arturo FantÓpera [Miembro]
Proserpina, Mafalda, Mirola, Esttivalia... vosotras os lo decís todo.
Me alegro de que consigáis algo más que disfrutar.
Me alegro de que consigáis algo más que disfrutar.
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