Lo malo de vivir en Zaragoza es el cierzo, los fuertes vientos que vienen de Navarra y País Vasco: fríos, fuertes y persistentes. Por supuesto, esto genera beneficios: aerogeneradores eléctricos (vulgarmente "molinos de viento", una reminiscencia de la más famosa escena del "Quijote") que sirven para propulsar el AVE... y para llenar los bolsillos de unos cuantos espabilados que no dudan en medrar en lo que toque, pero esto ya es otra cuestión.
Lo que quiero reclamar aquí es la vuelta de un símbolo femenino por excelencia: las faldas y los vestidos de una sola pieza. Faldas vaporosas que descubran piernas bonitas, dignas de ser lucidas para regocijo del personal masculino. Pero el referido cierzo hace que estas prendas brillen por su ausencia. ¿Quién va a llevar faldas cuando el viento las levanta constantemente...? ¿qué bella osada se atrevería a ir siquiera de un lado a otro de la calle, si en medio del paso cebra un fuerte ramalazo de aire descubre sus encantos, dejando boquiabiertos a los conductores que aguardan a que pase, o a los varones que caminan por el mismo, llegando a chocarse entre sí...?
Por supuesto, tan llamativo como las piernas sería el gracioso gesto involuntario de tratar de impedir que se descubran. La cara de susto alegre que pondría la bella dama, su leve rubor y su espontaneidad, que haría pedazos cualquier máscara de lejanía...
Zaragoza sería la capital de las faldas levantadas, aquí debería estar Marilyn Monroe taconeando orgullosa por una acera en una avenida o plaza central, y provocando accidentes en la calzada allá por donde pasara...
(Como casi siempre, he intentado añadir una foto acorde con lo que transmito, pero por más que he buscado, las que he encontrado son demasiado artificiosas, atrevidas, de mal gusto, etc...)
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