Volviendo hoy del trabajo, hace menos de una hora, pasé junto a unos bancos donde se sentaban varias mujeres con sus niños. Suelo caminar cabizbajo, pensando en mis cosas, confiando mis reflejos de esquivar obstáculos a los vistazos de reojo, bastante desarrollados, dicho sea de paso.
En uno de esos bancos, situado de espaldas al paso peatonal, me fijé en una bicicleta echada, y pensé en qué niño dejaría una bicicleta así, y qué tarea estaría haciendo, que le llenaría más que ir en bicicleta. La respuesta la tuve al instante: tras el respaldo del banco, unos niños reían y competían entre sí para peinar con las manos un pelo muy bonito de mujer: largo, abundante, liso y rubio con mechas oscuras... elegante, a la moda.
Sólo fue un vistazo, pero las risas de los niños me llenaban los oídos, haciéndome sonreír en mi fuero interno. Así que... atención, pregunta:
¿No es una paradoja que en el sexo, el supuesto cúlmum del cariño, lo ideal sería comportarse como un niño? Sólo un espíritu inquieto, curioso, inocente y abierto, sin malicia ni intenciones ocultas, puede responder tal y como la pareja espera que responda a sus estímulos, y entonces empezar una escalada encantadora: tú te ríes por las cosquillas que te hago, yo me río por tus risas y tu reacción. Tú me devuelves las cosquillas, o te resistes. Yo respondo a mi vez con más cosquillas, tú te ríes más. Reaccionas haciéndome más cosquillas y caricias, yo me resisto también un poco con una sonrisa...
En cierto modo, en el sexo, algo exclusivamente para adultos, deberíamos ser... como niños grandes.
Por otra parte, también me hizo desear -una vez más- tomar el lugar de esos niños: ser yo quien rebuscara entre la pelusilla de la nuca, acariciarle el pelo, revolvérselo y volverlo a peinar con los dedos...
Lo malo es que, inmediatamente, ha saltado en mi cabeza esa escena tan escalofriante típica de una película de terror: la víctima está recibiendo unas caricias en silencio, pensando que es su pareja, y resulta que es un extraño... que puede ser el asesino o el monstruo, y el susto que se lleva la pobre es morrocotudo al ver una mano terriblemente desconocida sustituyendo la de su amado.
Así que... de vuelta otra vez al redil, vamos, que no está el tiempo para fantasías volátiles, etéreas ni triviales... snif.
Comentario de: susanamoo [Visitante]
Sí, hombre, claro que está el tiempo para fantasías etereas y volátiles. La fantasía no ha de tener cortapisas.
Por qué no dejas tu nombre al comentar enlazada a tu URL? Te daría más visitas...
Por qué no dejas tu nombre al comentar enlazada a tu URL? Te daría más visitas...
Comentario de: Arturo FantÓpera [Miembro]
Gracias, Susana. Sí, la fantasía no ha de tener cortapisas, pero sí un filtro que detenga las más inconsistentes, y dejar pasar las sólidas y coherentes.
Decidí no dejar mi URL en mis comentarios en tu blog porque no quiero seguir el trato no escrito de "yo comento en tu blog, tú lo haces en el mío". Lo hice en mi primera intervención en tu blog, y me arrepentí a la hora (el calor, que me atonta y me cruza los cables...), aunque suene hipócrita, porque basta con una vez para que esto se vaya al traste de la manera más conveniente... pero te aseguro que ésta es mi postura.
No busco "participantes por compromiso", sino espontáneos y con interés sincero por mis entradas, aunque sea ir contra viento y marea.
Puede que algún día cambie de opinión, y creo que será así, pero entretanto, prefiero hacerme poquito a poquito un hueco en tu blog y en otros blogs por mis comentarios, sinceros, pensados y expresados sin... cortapisas (tú lo has dicho), y para mí, el trato anteriormente mencionado es una cortapisa muy evidente, muy forzada.
Para poner la URL de mi blog, siempre hay tiempo.
Además, confieso que soy un poquito de sorpresas: si esto funciona, y me hago un hueco significativo en un blog, y el dueño de ese blog me pregunta porqué no escribo un blog, entonces se lo diré. (Muy infantil y vanidoso, sí, pero me gusta la sensación que despertaría en dicha persona...)
Y ahora disculpa, pero una respuesta tan larga me está volviendo loco, con este puñetero calor... Ni siquiera estoy seguro de que debiera mandarlo, porque no soy capaz de corregir lo que creo está mal...
En fin, ahí va. Un beso.
Decidí no dejar mi URL en mis comentarios en tu blog porque no quiero seguir el trato no escrito de "yo comento en tu blog, tú lo haces en el mío". Lo hice en mi primera intervención en tu blog, y me arrepentí a la hora (el calor, que me atonta y me cruza los cables...), aunque suene hipócrita, porque basta con una vez para que esto se vaya al traste de la manera más conveniente... pero te aseguro que ésta es mi postura.
No busco "participantes por compromiso", sino espontáneos y con interés sincero por mis entradas, aunque sea ir contra viento y marea.
Puede que algún día cambie de opinión, y creo que será así, pero entretanto, prefiero hacerme poquito a poquito un hueco en tu blog y en otros blogs por mis comentarios, sinceros, pensados y expresados sin... cortapisas (tú lo has dicho), y para mí, el trato anteriormente mencionado es una cortapisa muy evidente, muy forzada.
Para poner la URL de mi blog, siempre hay tiempo.
Además, confieso que soy un poquito de sorpresas: si esto funciona, y me hago un hueco significativo en un blog, y el dueño de ese blog me pregunta porqué no escribo un blog, entonces se lo diré. (Muy infantil y vanidoso, sí, pero me gusta la sensación que despertaría en dicha persona...)
Y ahora disculpa, pero una respuesta tan larga me está volviendo loco, con este puñetero calor... Ni siquiera estoy seguro de que debiera mandarlo, porque no soy capaz de corregir lo que creo está mal...
En fin, ahí va. Un beso.
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