Viene de la parte anterior.
(Al cabo de un buen rato, en el que están descansando una en brazos del otro, suena un teléfono móvil. No reaccionan, están ambos como idos: ojos cerrados, respirando acompasadamente. Al cuarto tono, él intenta incorporarse con cuidado y esfuerzo. Mira alrededor, sin identificar de dónde viene. Deja de sonar. Vuelve a tumbarse, no sin antes cubrir a Elena de una mirada larga y profunda, donde brilla el deseo, admiración e incredulidad a partes iguales. Vuelve a sonar el móvil. Arturo se remueve otra vez, pero Elena alza un brazo con los ojos cerrados y lo deja caer torpemente en su hombro)
-Es mi móvil... deja que suene, ya se cansará...
-Pero puede ser importante... puede ser tu madre...
(Elena abre los ojos e intenta reaccionar. Se levanta de un salto, busca entre sus ropas, pero deja de sonar antes de encontrarlo. Elena sigue buscando. Se alza con él en la mano, se sienta en el tresillo y empieza a teclear)
-Es mamá, sí... voy a llamarla...
(Justo cuando se lo lleva a la oreja, suena otro teléfono, el fijo de Arturo. Elena salta y se apodera de él antes que Arturo. Descuelga)
-¿Sí...? Sí, mamá, soy yo, Elena, hola, mamá... Ahora mismo te llamaba, es que estaba, eh, estaba durmiendo y no he podido cogerlo a tiempo... cansada, sí, muy cansada... Pues, oh, mamá, ha sido maravilloso, sí, tal y como te dije, ha sido maravilloso, te lo aseguro, Arturo me, me, me ha hecho mujer, sí, muy mujer, me ha... oh, mamá, no te pongas así, ya sabes cómo es Arturo, ha sido delicado, no me ha hecho nada de daño, me ha gustado mucho, muchísimo, te lo aseguro... Sí, por supuesto, hemos usado el condón, de hecho aún lo lleva puesto, ji ji ji... Ay, mamá, no te pongas así, ya sabes cómo son estas cosas, no... mamá, por favor... mamá, ya hemos hablado de esto, estoy donde y con quien quiero estar, ya lo sabes... mamá, ya hemos hablado de esto, lo hemos hablado, lo hemos hablado y no me voy a echar atrás... vale... sí... vale... No lo sé, aún me voy a quedar un rato por aquí... Sí, está aquí a mi lado, ¿quieres hablar con él? Vale, te lo paso.
(Arturo abre mucho los ojos y la boca, dice que no con la cabeza y las manos, pero ella le tiende el teléfono. El lo toma con resignación, tapa el auricular, se sienta recto sobre el tresillo y respira hondo)
-Hola, Laura... em, sí, es un poco incómodo esto, sí, pero... ya la has oído, está bien... sí, la trataré bien, por supuesto... tranquilízate, Laura, lo entiendo, por supuesto... No, en eso te doy mi palabra, no me lo esperaba, de verdad. Ni en mil años hubiera esperado algo así. Ha sido toda una sorpresa para mí, te lo aseguro. Me ha abierto su corazón y me ha conmovido mucho... Sí, por supuesto que tenía reparos, y se los he dicho, de verdad, te lo aseguro, pero, si vieras, si vieras cómo me hablaba, cómo me miraba, lo que me decía, cómo me lo decía, es que, es que no, no, no soy de piedra, me ha llegado hasta el fondo... No... Aún no hemos hablado de eso, Laura, por favor, tranquila...
-¿Qué pasa? (Elena se está vistiendo y se detiene, brazos en jarras frente a Arturo. Este tapa el micrófono)
-Tu madre está hablando del futuro...
-Dámelo. (Le arrebata el teléfono y se sienta a su lado) Mamá, por favor, basta ya. Nos estás agobiando. Ya hablaremos cuando vuelva a casa, ¿vale? Tranquilízate, ¿quieres? Lo que hay a partir de ahora entre Arturo y yo es nuestro, y no debes meterte... Vuelta otra vez, a papá se lo diré cuando lo considere oportuno, ya lo hemos hablado... Mamá, voy a colgar, ya vale... Mamá, no montes una escena... Menos mal, así está mejor, venga, nos vemos pronto, un beso, adiós.
(Cuelga. Cierra los ojos, respira hondo y con las yemas de los dedos se masajea las sienes. Arturo pone sus manos en los hombros y se los masajea despacio. Elena acaba por reaccionar y disfruta de las caricias, con los ojos cerrados)
-¿Y ahora qué?
-Oh, sigue así, querido, disfrutemos del momento...
(Arturo sigue con el masaje durante un buen rato. Sus dedos tropiezan con la cadenita del collar, y se detiene un momento. Se levanta, yendo a su habitación)
-¿Qué pasa, adónde vas?
-Espera un momento...
(Sale de la habitación vestido con un albornoz y un ordenador portátil bajo el brazo, que coloca sobre la mesilla, lo abre ante los dos y lo enciende)
-Me gustaría leer eso que me has escrito...
(Arturo señala el colgante. Elena se ruboriza mucho, baja la mirada, se lleva los dedos al corazón plateado que cuelga en su escote. Despacito, se lo quita, lo abre y se lo pasa. Arturo lo conecta)
-Palabra clave, mi nombre y dos apellidos, ¿no?
-Sí, pero déjame a mí... Tu nombre, mayúsculas, vocal, número, erre, te, otro número, erre, cero, espacio, espacio...
(Arturo la mira mientras ella teclea con rapidez acostumbrada. Pasa sus dedos por su pelo, pasándoselo tras la oreja con delicadeza. Ella sonríe por reflejo, mientras está concentrada en pantalla. Al cabo de un rato, lo gira un poco y se echa atrás)
-Ya está. Aquí lo tienes...
-Vamos a ver, carpet... guau, ¿es todo esto...? ¿Todo esto es por mí? Sí que has escrito, sí...
(Elena se encoge una vez más, ruborizándose. Arturo le pasa el brazo por los hombros y la aprieta contra sí con calor, depositando un largo beso en la sien)
-Me da la impresión de que es más un diario que cartas para mí.
-Al principio eran cartas, sí. Pero luego, en fin, la rutina...
-Entonces no debería leerlo, ¿no? Lo que cuentas ahí son tus secretos íntimos, tus miedos, dudas...
(Elena le mira directamente a los ojos, con un rictus de firmeza)
-Lo que he escrito ahí ha sido siempre pensando en ti. Puede que haya alguna cosa que se me haya escapado o que te escandalice. Pero mis secretos íntimos, miedos y dudas me los guardo para mí, y no tengo porqué escribirlos en ningún sitio. Nunca he tenido necesidad de compartirlos.
(Arturo enarca las cejas en un gesto de perplejidad. Una sonrisa se va abriendo en su boca. Al cabo de un rato, le pasa la mano por el pelo)
-Dios, qué... qué criatura...
-Abre uno cualquiera y léelo. O mejor trae, ya lo hago yo (Elena maneja el equipo con decisión y rapidez, con cara de pocos amigos y gesto desafiante. Vuelve la pantalla y le invita a leer. Arturo se concentra y lee en voz alta)
-"Querido Arturo: anteayer volví a soñar contigo. Tus manos, tus muslos, tu trasero, tu voz, tu forma de mirar... qué te voy a decir ahora que no te haya dicho ya antes cientos de veces. Y también por supuesto, me he bebido tu leche..." ¿me he bebido tu leche...?
-Es un sinónimo de masturbarme (Elena se pone roja como un tomate una vez más) que no me gusta nada cómo suena masturbarme. Hacerme una paja suena peor, así que uso sinónimos inventados por mí...
(Arturo sonríe abiertamente, lo que hace que Elena se encoja más aún. Le pasa el brazo por los hombros y la atrae hacia sí con dulzura. Deposita un breve beso en sus labios y vuelve a leer)
-"Ayer tuve examen de filosofía. Cómo maldigo a esos cabezas de libro que dijeron esas cosas que en su momento podrían tener su significado, pero que ahora lo único que hacen es torturarnos obligándonos a estudiarlos y asimilarlos para comprender el origen de las cosas. Creo que me ha salido bastante bien y que aprobaré. Sigue sin gustarme estar aquí, con todo este tiempo gris eterno a mi alrededor. Todo nubes eternas y lluvia, no hay apenas sol, es muy triste. Ya debería estar acostumbrada, pero lo cierto es que echo mucho de menos el sol de la península, estar a tu lado, oír tu voz, tus bromas..."
Siguiente parte.
Siguiente parte.
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