viernes, 21 de octubre de 2016

Teatro erótico: sexta parte.

Viene de la parte anterior.

-Estoy... conmovido, de verdad. Tantos y tantos archivos que has escrito... Me gustaría leerlos todos con tiempo, claro. ¿Puedo copiármelos en mi disco duro...?

(Elena asiente. Arturo mueve el puntero con soltura)

-Veo que están todos nombrados primero con el año, después el mes, y después día de mes y de semana... Serán fáciles de leer por orden, empezando por el más antiguo... ¿qué es esto que aparece en algunos, al final, y griega-eme o e-eme...?

(Elena se ruboriza y se encoje un poco, antes de reaccionar, levantar la cabeza, pasarse las manos por la cara y por los cabellos y respirar hondo)

-Son... son... eh... -Arturo espera con paciencia, sin apartar los ojos - ahí, en fin, ahí cuento cosas que he sentido en determinados momentos... abre, abre uno y léelo, creo que lo entenderás mejor que si te lo explico...

(Arturo obedece y escoge uno al azar, terminado en "em". Lee en voz alta)

-"Estoy segura de que lo sabe. No sé cómo, pero lo sabe. Me detengo un momento ante la puerta de casa, con la llave en la mano. Respiro hondo, meto la llave, giro despacio y entro. Está oscuro, pero eso no me pone menos nerviosa. Sé que está en casa, esperándome. Despacio, muy despacio, cierro la puerta tras de mí, dejo la mochila y me quito el abrigo. Avanzo al salón haciendo el menor ruido posible. Siento que me falta el aire, así que cuando me doy cuenta de que no me atrevo a respirar, me detengo, cierro los ojos y respiro hondo.

"-Adelante, no te quedes ahí" -me da un susto de muerte. Está en el sillón de enfrente, en medio de la oscuridad. Me llevo la mano al pecho, intentando contener el corazón que da un par de saltos.

Camino casi arrastrando los zapatos en el suelo, rígida, con los brazos pegados al cuerpo. Me detengo delante de él. Con un mando a distancia, eleva el nivel de luz ambiental, deteniéndose mucho antes de llegar al máximo.

A pesar de estar hundido en el sillón, su presencia copa todos mis sentidos. Piernas cruzadas, cabeza reclinada sobre una mano abierta, cuyo codo apoya en un reposabrazos. La otra mano cuelga tras el otro. Sus ojos y el rictus de sus labios transmiten cansancio y desánimo, algo que me duele y me asombra, porque es una montaña que no se amilana por nada. Una roca que aguanta sin inmutarse huracanes, tormentas, terremotos... y en cuyo interior, dorado, tierno, envolvente, siempre me sentía segura. Pero hoy no. Hoy la he pifiado a lo grande, y eso le deja huella.

"-¿Bien? ¿Qué tienes que decir en tu defensa?"

Por toda respuesta, bajo la cabeza, apartando mis ojos de los suyos, incapaz de soportar la frustración que emana de ellos. Mis hombros caen derrotados.

"-De rodillas" -susurra entre dientes.

Obedezco casi al instante, haciéndome un poco de daño.

Se levanta y se acerca a mí. Despacio, pone los dedos bajo mi barbilla y levanta la cara. Todo mi cuerpo tiembla, porque sé lo que viene ahora.

En efecto. La bofetada casi me tira al suelo, pero aguanto. La mejilla me arde, reprimo mi gesto de pasar la mano por ahí.

Permanecemos un buen rato así. Él de pie, poderoso, fuerte, oliendo a... a él, a tierra, a madera, a musgo, a sal marina... y yo de rodillas, temblorosa, intentando aguantar el tipo, reprimiendo mis deseos de lanzarme a sus pies y romper a llorar. Sólo me siento sobre mis pies despacito y avanzo los dedos a la punta de sus zapatos, rozándoselos nada más.

Parece saltar una chispa, porque de repente se da la vuelta, da dos pasos rápidos hacia una silla, la coge, la acerca, se sienta y su poderosa mano me agarra del brazo, me levanta y me echa boca abajo sobre sus rodillas. Me levanta la falda y estampa su mano ahí, controlando mis espasmos con la otra.

Me da otro fuerte azote, y otro, y otro, y otro... alternando las nalgas o bien en ambas a la vez. Pierdo la cuenta..."

(Arturo deja de leer)

-Pero... pero esto es... una fantasía...

-Sí.

-Yo jamás te pondría la mano encima, pero jamás, nunca...

-Lo sé.

(Arturo se pone a leer en silencio. Enseguida aparta la vista y cierra el documento, abriendo otro)

-Sólo de pensarlo se me rompe el corazón y se me encogen las tripas...

-Lo sé, lo sé, te repito que es una fantasía, lo has dicho tú mismo. "Em" es "él manda", e "ym" es "yo mando" (Rehace su postura y se levanta. Recoge prendas del suelo y empieza a vestirse). Bueno, cierra eso y vístete. Tengo ganas de salir y dar un paseo contigo, cogidos del brazo... Seguramente el bar de la esquina todavía permanece abierto, podríamos ir ahí y tomar algo... ¿Dónde están mis bragas...? Ah, aquí están... Está todo revuelto, no encuentro la otra media... A ver debajo del sofá... Uf, sí, aquí estás, bien al fondo, a ver si te alcanzo...Vale, ya te tengo, ven aquí... Y el zapato está ahí en la esquina, ¿cómo ha llegado ahí? Menuda patada le he debido dar... Vaya, aquí también ha ido a parar uno de tus calcetines, a ver si también lo cojo... vale, aquí lo tienes, toma, Arturo, póntelo, vístete ya...

(Elena se sienta en el sofá, recogiendo con los dedos una media, extiende la pierna y la enfunda con parsimonia. Sonríe levemente)

-Supongo que tendré que acostumbrarme a usar las medias, os vuelven locos estas prendas, pero a mí me resultan un poco incómodas, aunque podría llegar a cogerle el gusto sabiendo que os gustan tanto a vosotros... Simplemente con levantar un poco la falda y ya perdéis el norte, ja ja ja ja... Venga, Arturo, vístete, que se nos hará tarde... Después tengo que ir a hablar con mi madre... ¿Arturo? ¡Arturo! (Elena posa su mano en el brazo y lo zarandea. Arturo reacciona) ¿Qué diablos te pasa?

-Eh... no... nada, nada, no me pasa nada... ah... sí, vestirnos, ir a la esquina, al bar de la esquina a, eh, encontrarnos con tu madre...

-¿Encontrarnos con...? No he dicho eso, Arturo, ¿qué te pasa?

-Eh... discúlpame, voy a... voy a la cocina a por un vaso de agua... (Se levanta y anda hacia la cocina, tropezando con el sofá y con la mesita. Reprime un gemido y desaparece en el hueco. Se asoma un instante después) ¿Tú quieres algo? ¿otro vaso de agua, un refresco...?

(Elena niega con la cabeza, desconcertada. Arturo desaparece en la cocina. Con expresión interrogante, ella se acerca al portátil, lo gira y lee. En su frente fruncida salta una ceja, luego la otra. Conforme avanza en la lectura, va abriendo mucho los ojos, y acaba llevándose la mano a la boca, abierta de puro asombro. En la cocina se oye correr el agua y fuertes refriegas. Elena alterna su mirada entre la pantalla y la puerta de la cocina. Respira hondo, vuelve el portátil a su sitio y se retira al otro lado del sofá, todavía a medio vestir. Arturo aparece un rato después con un vaso de agua. Se sienta frente al portátil y lo cierra. Toma un largo sorbo y se vuelve a Elena, pero se queda quieto al captar su postura, guardando silencio. Ella al cabo de un rato, se vuelve y señala el portátil)

-He leído lo último que había... un archivo de "yo mando", en donde te imagino a ti como un esclavo recién capturado y arrodillado ante mí...

-Elena, son fantasías, tú misma lo has dicho...

-¿Es que eres... eres uno de ésos, eres masoq...?

-No no no, en absoluto. No soy nada de eso. No tengo fantasías de dolores, ni de hacer daño, ni...

-Pero he visto tu reacción a mi archivo...

-Eh... (larga pausa. Arturo cabecea un poco) bueno, sí, puede que tenga algunas fantasías de sumisión y... Me ha pillado completamente desprevenido. Pero son eso, fant...

-Entiendo.

-Elena...

(Le pone la mano en la rodilla, que ella rechaza. Se levanta despacio y se encara de pie ante Arturo. Avanza la mano con las braguitas colgando de sus dedos)

-Pónmelas.

(Aturo abre mucho los ojos y aspira fuertemente. Mantienen la mirada fija una en los ojos del otro durante un buen rato. En silencio, Arturo se acerca, se sienta en el suelo delante de ella, coge la prenda despacio, la extiende con sus dedos y la baja a sus pies. Elena se apoya en Arturo, levanta primero uno y después el otro. Éste sube con delicadeza la prenda por sus piernas y la encaja entre sus muslos)

-Ahora la otra media.

(La coge, la frunce entre sus dedos y enfunda la pierna muy despacio)

-La falda.

(La misma delicadeza y lentitud. La respiración de Elena comienza a agitarse)

-El sostén y la blusa.

(Elena resopla una y otra vez, intentando guardar la compostura. Al terminar de abrochar el último botón del escote, chasquea los dedos y señala el suelo. Arturo se arrodilla ante ella, que cierra los ojos y echa la cabeza atrás, aspirando una enorme bocanada de aire. Avanza una mano, palpando, topa con la cabeza de Arturo y se posa en ella, mientras se estremece)

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