jueves, 18 de diciembre de 2008

18-12-2008: El sexo mueve el mundo.

Es una verdad como un templo, y suena a tópico. En la sociedad humana está omnipresente: publicidad, moneda de cambio en tratos ocultos o turbios, causa directa o indirecta de felicidad y desgracia personales, ruinas de sistemas enteros por una "canita" al aire, escándalos a cualquier nivel... En esto último, me llama la atención que todo lo que sale de ahí es siempre sinónimo de desgracia social. Y sin embargo, muchos seguirán "cayendo" en cuanto se deja entrever algo de su intimidad, cierto o falso. Basta con un rumor desatado por terceros para arruinar el buen nombre de una persona situada en un puesto de alto valor social.

Y no sólo guía muchos de nuestros pasos, sino también en el resto de los seres vivos: en casi todas las especies del reino animal, son característicos los rasgos atrofiados o hipertrofiados para llamar la atención del otro sexo. La energía evolutiva gastada en este sentido es tremenda. Las épocas de celo también son llamativas: como un misterioso reloj interno, cuando llega el momento, las hormonas entran en acción, creando espectáculos dignos de verse. Peleas entre machos, exhibiciones de éstos frente a las hembras, cortejos más o menos elaborados, reparto estricto de las funciones una vez realizado el cruce... Incluso canibalismo: la mantis religiosa, la viuda negra y otras especies de artrópodos devoran al macho mientras éste se "corre" de gusto en su pareja.

Duda antropológica: ¿hemos heredado el celo de nuestros antepasados animales? Y si es así, ¿en qué formas se manifiestan? No dejamos ningún rastro oloroso, pero a mí un perfume agradable por la calle me hace volver la cabeza. Una voz femenina cadenciosa y bien timbrada me hace prestar atención entre los ruidos urbanos. Una carcajada contagiosa también. Pero la palma se la lleva la apariencia física: unas piernas largas, caderas anchas, cintura mediana, pecho marcado y melena suelta, todo ello combinado con movimientos, miradas, poses, etc., cumple en mí más que de sobra con lo que para los animales es el "rastro" hacia el otro sexo.

Desgraciadamente también hemos heredado la competencia entre similares por acaparar la atención de nuestra futura pareja... y aquí es donde fallo esrtrepitosamente. Cuando era más joven (aún me considero así, pese a lo que piensen algunos, y si no, no importa, sigo siendo yo), en los últimos coletazos de mi adolescencia, pensaba que me caería del cielo, o que sentiría un flechazo, o algo así. Pero pasaba el tiempo, pasaba, y me fui cerrando cada vez más, hasta ser ya un poco tarde.

Incluso fingía ante mis amigos del pueblo... Pero nunca he sido muy amigo de las mentiras, y pronto lo dejé correr. Que fuera lo que Dios o el destino quisiera. No se me da bien el gastar energías en fingir algo que no es cierto. Si lo creen, bien, y si no, también.

Me olvidé de que el sexo mueve el mundo, y yo estoy en ese mundo. Y que una de las reglas no escritas del sexo es el cortejo, la aproximación, el hacerse ver y notar. Y no me educaron así, precisamente.





Comentario de: Esttivalia [Visitante]
Ahora quien tiene dudas soy yo: ¿el celo en los animales es sexo o sólo es selección natural, perpetuar la especie? ¿Por qué entre los animales son los machos los que hacen lo posible por atraer a las hembras (cortejos, exhibiciones, luchas...) y en los humanos es al contrario? ¿es el sexo lo que mueve el mundo? ¿no es el amor? ¿por qué no podemos oler las ferormonas? Demasiadas preguntas para estas horas de la noche.

Un beso.


Comentario de: Arturo FantÓpera [Miembro]
¿Que en los humanos es al contrario...? A ver, creo haber leído mal: ¿dices que en los humanos las hembras (o mujeres) hacen lo posible por atraer al macho? Vaya, pues... ¿dónde hay que ir o apuntarse para eso...?

Donde tú vives, Esti, no sé, pero aquí en Zaragoza las mujeres son dificilísimas, muy duras, exigentes y con unas prioridades clarísimas... y te lo digo por experiencia.

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