Es un mundo triste, árido, hostil, forzado y frío. En lo que refiere al sexo, está mal, puesto que va contra una de sus esencias: el cariño por el otro, sincero y pleno. No existe, y si es así, es siempre fingido e interesado.
Esto no es nada en comparación con la tragedia que viven miles de mujeres forzadas a esto en todo el mundo.
Secuestradas, chantajeadas, seducidas o engañadas, sin otra opción para sobrevivir ni echarse atrás, drogadas... Vamos, sólo de pensar en todo eso se me ponen los pelos de punta y la entrepierna encogida como si me duchara con agua fría.
Y no digamos participar en semejante negocio como consumidor. Sería incluirme en la base de una gigantesca pirámide podrida, donde las mafias, el crimen organizado, la trata de mujeres y tantos y tantos negocios sucios se ramifican entre sí, en una asquerosa y letal telaraña donde el beneficio a toda costa es el oscuro cazador de ocho patas que aguarda a caer sobre quien es atrapado en sus redes...

Sólo fui una vez. Y me sentí mal, muy mal. El dinero era lo de menos, pese a que me sacaron un buen pellizco. Fue en un club de alterne urbano, de nivel medio-alto, un local en planta calle sin escaparate, con entrada iluminada por neones. Una consulta médica privada con especialidad en el sexo. O una notaría, por lo que cobran. La barra vertical vacía al fondo, luces indirectas, divanes semivacíos... La chica que se me acercó, alta, morena, de pelo larguísimo y ojos marrones, con un vestido corto por donde asomaban unos muslos incitantes, se comportó en todo momento como una profesional: iniciativa en la conversación, correcta, advertencias incluidas sobre precios, preguntas personales nada ofensivas, etc. Cuando nos retiramos, me llevó a una habitación con espejos por paredes, me lavó en un bidé, y mientras me secaba, ella extendió sobre la cama unas sábanas desechables. Admiró mis atributos y nos acostamos juntos...
He tenido que hacer de tripas corazón para contarlo. Pero algo positivo saqué de la experiencia: no volveré a recurrir a esto jamás, por muy necesitado que esté. Y así ha sido. La tristeza y la soledad se adueñan de uno en el camino a casa.
Es peor el remedio que la enfermedad.

Pues he recurrido a lo que recurren los hombres solitarios, o amargados, o que engañan a sus mujeres por vicio, o aquellos incapaces de tratar con una mujer de igual a igual. ¿Soy yo uno de éstos últimos...? No me considero amargado, ni estoy con una pareja a la que engaño, ni... ¿a esto he llegado?
No entiendo el humor relacionado al respecto. Se me hace cuesta arriba reírme de un chiste sobre putas cuando detrás de esta profesión hay tanto dolor, oscuridad e injusticia.
No voy a sugerir que se legalice la prostitución, puesto que nunca se llevará a cabo. Hace falta mucho coraje político y social para ello. Y no sólo en una ciudad o provincia, sino en todo el país, y si es posible, también en los países vecinos. Hace falta también medios económicos cuantiosos, no sólo para atender a las mujeres, sino también para combatir a los que rigen este negocio. Y los sobornos están a la orden del día para echar a perder cualquier iniciativa para mejorar esto.
Comentario de: esttivalia [Visitante]
Esto tiene mucha miga y solución difícil. Seguiré leyendo.
Un beso.
Un beso.
Comentario de: agatha [Visitante]
creo que es buena tu entrada ya que es otra opción de ver las cosas desde otra perspectiva mas que poner solo por encima del tema cuando realmente el que sabe sobre eso es quien lo practica.
me gustaría que comentaras en mi blog.
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