lunes, 29 de diciembre de 2008

29-12-2008: Empresas y marcas del sexo.

Empresas y marcas del sexo.


En relación con las dos entradas anteriores, "industria del desnudo" y "miradas que desnudan", quizás una de las causas por las que los solterones fijamos la mirada en una mujer hermosa que pasea por la calle es que nos hemos habituado mucho a ello. Precisamente mirando fotos y películas subidas de tono.

Como en mi fuero interno sospecho que pese a mis intentos nunca me libraré de esta situación (y aquí viene el chistecito-tópico: "cuanto más se intente, menos se consigue"; según esto, uno que está desesperado tiene más posibilidades de que le toque la lotería que ligar espontáneamente con una chica guapa en la calle), hace tres meses me dí de alta en una página web de fotos y vídeos de chicas ligeras de ropa y en posturas sexys. Y en las ocasiones en las que estoy con el agua al cuello, pienso en lo anterior y llego a la siguiente conclusión (entre otras igual de demoledoras): "si he habituado a mis ojos a ver chicas espectaculares, bien maquilladas y en ambientes incitantes e irreales, entonces también lo haré con aquéllas que se relacionan diariamente conmigo, y quizás se asusten ante la fijeza y el brillo de mi mirada..." "Pero no, no puede ser," pienso cuando estoy en mis cabales "todavía no he caído tan bajo, no soy tan paranoico..."

Bueno, con respecto al título, creo que debería empezar clasificando dichas empresas en tres clases: la "A", que engloban revistas y sitios web cuyo claro exponente es Playboy: muchachas mostrando sus encantos, desnudas o casi, pero en posturas más o menos "naturales"; la clase "B", con revistas tipo "Penthouse", o el sitio web donde estoy dado de alta (no voy a decir cuál es), en donde las chicas adoptan posturas más explícitas, y además salen primeros planos de sus partes íntimas, y la "C", tipo "Hustler" o pornografía sin más.

Como se podrá suponer, a mí me atrae la opción "B". Ni son tan ñoñas, aburridas e hipócritas como la "A", ni tan directas como la "C". Me explico:

Playboy es más una revista de estilo que erótica. Su símbolo, el conejo con pajarita, está por todas partes, y se ha convertido en marca comercial. Esto, que ya despierta en mí algunas antipatías, lo veo mal debido a la base de su industria: el desnudo femenino. Han cogido el fotografiar chicas desnudas y lo han "elevado" de categoría. Y algo "chirria" en ese cambio. ¿Porqué debería tener prestigio social algo así? Es como si un chalado decidiera que su feo trasero es bonito, y lo fotografiara y lo publicara a voz en grito, y a base de insistir y de agresivas campañas publicitarias, convenciera a todos los demás de que, efectivamente, su feo trasero es bonito, y debe convertirse en un símbolo de vida sana y alegre, de fiestas por todo lo alto, de dinero fácil y elegante, y de repente todos quieran tener los culos como el suyo, y el que no lo consiga, que se someta a ejercicio físico, o a cirugía estética, o será excluido de ese prestigioso círculo social. Y además, se permita el aconsejar sobre diferentes productos de la vida moderna, a la última, de alta tecnología, bebidas, entrevistas a famosos, corrientes de pensamiento, etc. ¿Y todo a base de qué? ¡de un culo feo!

En eso se ha convertido Playboy, y en eso aspiran a convertirse las otras dos casas citadas, Penthouse y Hustler. Afortunadamente estas dos últimas no han tenido tan gran repercusión como la primera, porque, de ser así, seguro que contarían con mi rechazo.

Esas tres revistas (y sus numerosos derivados y competidores) no deberían salir de un ámbito estrictamente íntimo y de difícil acceso. Son consideradas revistas para adultos. No estoy protegiendo a la niñez ni a los que no desean presenciar semejantes productos (que también), sino que no debería salir de ahí. El sexo es algo íntimo y personal, y todo lo relacionado con ello, también. Yo disfruto mucho en la intimidad viendo fotos y vídeos de chicas desnudas, pero me cohibiría bastante ver esas fotos y vídeos constantemente por la calle, o en TV con mis sobrinos, y no digo algo que me recuerde su existencia (el símbolo que exhibe el que quiere estar "a la moda"). Sería enfermizo, de mal gusto y provocador, además de acabar empachado y harto.

Continuará...

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