sábado, 23 de mayo de 2009

23-5-2009: Y más metáforas.

El sexo es como el mar: fluido, salado, a veces se siente en medio de la nada, y cuando llega la tormenta, no hay nada fiable a lo que agarrarse.

Todo acto sexual tiene algo de combate medieval: se traza una estrategia desde lo alto de una colina, a la vista del enemigo; se invaden con caballos y armaduras zonas importantes de reserva de alimentos, de paso o de huida; el enemigo se atrinchera tras unas murallas, se someten dichas murallas a asedio, y en la penúltima fase, se suele embestir con un ariete en sus portones, resistiendo la caída de aceite hirviendo con protecciones adecuadas. Cuando la puerta cae, se entra a saco, arramblando con absolutamente todo lo que se encuentra.

El sexo alegre y el sexo triste se complementan: uno satisface zonas adyacentes a las que no se llegan con el otro.

El sexo cibernético puede tener un efecto colateral globalizado: controlar el nivel demográfico de regiones o países enteros. Así, si conviene exterminar una etnia, basta con distribuir ordenadores e internet gratuitos entre sus adeptos.

Una de las cosas que echo en falta en esta sociedad con libertad de expresión sexual es un diccionario académico del sexo, donde se recojan todos los términos referentes a eso habidos y por haber en todo el mundo del habla hispana. Al fin y al cabo, el lema de la Real Academia Española, "limpia, pule y da esplendor" también tiene su aplicación literal en el sexo. Seguro que su número de páginas sería equiparable al DRAE, y su lectura más amena y divertida, a la par que curiosa.

"Coño" es en sí una palabra fonéticamente graciosa, bien formada, robusta y muy sonora. Su uso invita a la risa, al erotismo, al enfado susceptible de ser transformado en sano humor, a la sorpresa más inesperada y cómica... De hecho, me da en la nariz que muchos nacionalistas de pura sangre con fijación asnaril en sus dialectos, envidian esta palabra tan castiza.

"Polla" es, en cambio, una palabra mal elegida: la "ll" indica doble erección fálica, deseosa de ser mantenida, pero costosa de llevar a cabo. Y si el uso es "poya", peor aún: la "y" indica colgajo hacia abajo, impotencia.

El sexo humano para procrear es contraproducente: si se tienen niños, hay que limitar el sexo lúdico como tal: abstinencia forzosa durante mucho tiempo tras dar a luz, "coitus interruptus" a base de berrinches, compartición celosa de atributos pectorales femeninos, sustitución del tiempo para el sexo por el tiempo para descanso... de ahí que la naturaleza haya inventado la época de celo y la poligamia para el resto de las especies animales. De lo contrario, se autoexterminarían, devorando a la progenie en arranques aislados de impaciencia y frustración, superando en esas ocasiones al instinto general de supervivencia como especie.

El trasero femenino es algo muy llamativo como reclamo sexual: su exhibición comporta un fuerte componente no intencionado de la dueña. Se puede disfrutar visualmente al margen de su voluntad. Es extenso, robusto y musculoso; por tanto, se puede destinar para desahogar gran parte de las energías sexuales que pueden amenazar a zonas más sensibles. Es firme, mullido y prominente; por tanto se puede usar para descansar largamente tras culminar el intenso encuentro. Es de tacto suave y sensitivo, puede ser objeto de caricias, cachetes y pellizcos sin intenciones inmediatas. Y encima, culminan con maestría sendas obras perfectas de la naturaleza femenina: las piernas.

Hay quien dice que boca femenina y pechos son símiles de glúteos y vulva. Hay quien afirma lo contrario. Yo estoy a favor de ambas; es más, admiro las cuatro zonas, juntas y por separado.

En español, se hace bien en no usar mucho la "w": tiene un simbolismo femenino provocador evidente, tanto en la parte trasera como en la delantera.

La "y", aparte del significado viril impotente que puede representar, también tiene un componente femenino provocador. Menos mal que no se incluye en las palabras "vulva", "concha", "almeja" o similares.

La "m" debería ser empleada en el dialecto "SMS" por aquellas féminas cuyos pechos han sido inflados por especialistas.

Parafraseando al maestro Woody Allen, la falta de sexo provoca tres cosas: desapego a una vida aburrida, amnesia y... no me acuerdo de la tercera.

Las masajistas eróticas profesionales deberían dominar la mecanografía de las sensaciones, tocar el piano de los placeres, amasar la arcilla corporal y otras técnicas artísticas manuales igual de difíciles y expresivas.

El orgasmo es como la energía: ni se crea ni se destruye, únicamente se transforma. Algo que se tiene dentro, explota con el estímulo previo adecuado, igual que un cartucho de dinamita con su mecha. Y en ocasiones, puede ser más destructivo.

El sexo de cada letra del abecedario es más que evidente, pese a ir precedida por un artículo de género femenino: las que engloban espacios cerrados, son femeninas. Las que terminan en puntas más o menos ostensibles, son masculinas. Las que incluyen ambos grafismos son hermafroditas. Es una definición un tanto general y presta a polémicas. Pero cualquier discusión que surja acerca de esto es bizantina, es decir, pérdida ilusoria del tiempo mientras el implacable enemigo está aporreando las puertas.

Continuará... si el eros de las palabras que sustituye al eros sexual en los solitarios me golpea otra vez...

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